P o r q u é C h i l e e s e l d é c i m o p a í s m á s d e s i g u a l d e l a t i e r r a p o r A n d r é s F i g u e r o a C o r n e j o |
Cuando tenga un millón,
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PRIMERO AUMENTARON LOS POBRES
Hace
casi un mes, la estatal encuesta Casen 2009 (que no considera los efectos
del terremoto de febrero de 2010), señaló que la pobreza en Chile habría
aumentado de un 13,7 a un 15,1 %, entre 2006 y 2009. Sin embargo,
esos porcentajes se basan sobre una canasta que corresponde a 1987, es
decir, a hábitos de consumo de más de 20 años atrás. Tan grosero
es el fraude de las cifras de Piñera –cuyo método también empleó
convenientemente la Concertación- que Felipe Larraín el 2007, cuando
todavía no pensaba ser ministro de Hacienda, refutó los números de la
miseria del gobierno de Bachelet. En la ocasión, frente al supuesto 13,9
% de pobreza que anunció triunfalmente la ex mandataria, Larraín hace
tres años afirmó que el porcentaje en realidad bordeaba el 30 % (más de
4 millones de personas bajo la manipulada "línea de la pobreza").
Empero, ahora que Felipe Larraín es autoridad, cierra la boca, mientras
su jefe ocupa la misma metodología caduca que usó la Concertación.
Ahora bien, tanto si se utiliza la metodología norteamericana, como la
europea, la llamada "línea de la pobreza" se amplifica entre un
40 a un 60 %. Y de acuerdo a una investigación realizada por el
economista Marcel Claude, sobre la base de una canasta más realista que
la utilizada por la Casen , la pobreza en el país llega al 90 % de
la gente. |
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Lo
cierto es que mientras en el 2006 el 10% más rico tenía un ingreso 53
veces superior al 10% más pobre, esa distancia hacia el 2009 se empinó a
79 veces, es decir, un aumento sideral del 50% en la desigualdad entre los
extremos medidos. Ello, pese a que el 10% más rico incluye a
muchas personas que deben intentar
CIFRAS
INIMAGINABLES
¿Qué ocurre el 2009? Si se toma el máximo ingreso de los más ricos el 2009, se observa una cifra de 47 millones de pesos mensuales (90 mil 400 dólares) y para los más pobres, el mayor ingreso sería de 22 mil pesos (42 dólares al mes). Esto es, la brecha entre el ingreso máximo del 10% más rico versus el ingreso máximo del 10% más pobre se habría encumbrado -por lo bajo- a 2 mil doscientas veces, es decir, una diferencia de 220.000%. En tanto la diferencia entre el 10% más rico -que incluye a sectores medios- y el 10% más pobre creció en un 50%, la desigualdad entre el ingreso de los más ricos de entre los ricos y del 10% más pobre se disparó nada menos que en un 124%.
Como si no fuera suficiente, las políticas sociales de los últimos años –"orgullo" de exportación de la Concertación- no sólo han sido inútiles a la hora de reducir la pobreza y la desigualdad, sino que, además, redujeron la capacidad de los pobres de generar su propio ingreso, pues mientras en el 2006 eran capaces de ganar por sí mismos 20 mil pesos hoy ni siquiera llegan a los 15 mil pesos. |
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LAS RAZONES DE LA FRACTURA SOCIAL
Para el economista y académico Claudio Lara, "Los resultados de la encuesta Casen, además de poner en vitrina el aumento de los niveles de pobreza y el crecimiento de la desigualdad social, dieron una verdadera bofetada no sólo a la política social del gobierno anterior, sino sobre todo al modelo económico que ha imperado en el país durante los últimos 35 años", y agrega que "Estamos frente a un sistema que, por un lado, genera a los grandes empresarios que operan en el país gigantescas rentabilidades en plena crisis, y que, por otro lado, ofrece un 'mercado laboral' con escasa capacidad de crear empleo para la mayoría de los trabajadores. Ello se expresa en la persistencia de altos niveles de cesantía, y cuando se llega a crear trabajo, es en gran parte 'empleo indecente' (precarizado y esporádico). En rigor, a la hora de discutir sobre distribución del ingreso, hay que comenzar por analizar la distribución entre salarios y rentabilidades empresariales". |
Por su parte, el especialista en economía en el ámbito del trabajo y las estadísticas, Rafael Agacino, indica que existe una relación estrecha entre, por un lado, la pobreza, y por otro, el mundo del trabajo y la "fragmentación productiva" (una forma de organización /encadenamiento de la producción de bienes y servicios que liga a las grandes empresas con las medianas, pequeñas y micro empresas e incluso con los trabajadores a domicilio). Asimismo, Agacino asegura que "a diferencia de países en los cuales hay una gran masa de población rural y/o indígena, en Chile un segmento importante de pobres no debe su condición a estar "excluido" de la actividad económica sino por el contrario, por estarlo, pero bajo condiciones de precariedad”. Es más, Rafael Agacino declara que en el país, la conexión entre la dinámica del crecimiento (o decrecimiento) y la pobreza, mediada por un mundo del trabajo flexible y por una organización industrial que masifica la externalización como mecanismo de ajuste, "no garantiza a quienes salen de la pobreza - por ejemplo en un ciclo ascendente- que esta situación sea perdurable e implique movilidad social ascendente de largo plazo. Por ello, cada vez que el ciclo va a la baja, inmediatamente - casi como piloto automático- se deja a sentir en los ingresos de los trabajadores, especialmente en aquel sector "desprotegido" o flexibilizado. Es decir, sea por los despedidos "fáciles" (trabajos temporales o parciales) o por ajustes instantáneos a la baja de los salarios (por la vía de la parte variable de los salarios), o sea porque las grandes empresas dejan de comprar, retrasan pagos o rebajan los precios a la red de pymes, micro y/o trabajadores a domicilio, finalmente el ajuste lo paga la fuerza de trabajo con rebajas en sus salarios o desempleo, o ambas cosas, afectando sus ingresos autónomos (sin subvenciones). Esto explica porqué la pobreza el 2009, frente a una fuerte caída de PIB (valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de un país durante un período de tiempo de normalmente un año) de 1,7%, debía aumentar. Y así fue, a pesar del esfuerzo en el gasto fiscal que desplegó el gobierno de Bachelet".
Pero también la sociedad entre crecimiento y desigualdad queda mediada por los mismos factores. Nuevamente un mundo del trabajo flexible y la fragmentación productiva, bajo la manera chilena, "precaria y depredadora, puede hacer que incluso en ciclos de crecimiento, no mejore la distribución del ingreso. Así fue durante el largo período de los gobiernos de la Concertación que, salvo los años 1999 y 2009, siempre mantuvo tasas de crecimiento positivas del PIB, incluso en la década de los noventa con una tasa media anual en torno al 7%", añade Agacino y completa que "Lo anterior se hace más evidente cuando se revisa la distribución "funcional" del ingreso (el reparto del PIB entre capital y trabajo) que viene de los datos de Cuentas Nacionales, o de una manera mas indirecta, a través de la distribución de los "ingresos autónomos" - es decir, excluido el gasto fiscal social que luego se suma a los ingreso familiares- que entrega la Casen. En uno u otro caso, la medición recoge un resultado más cercano a las relaciones de fuerza que se dan en el mundo del trabajo, y es claro que en las condiciones actuales, se sabe cuál es el eslabón más débil. Así, el mundo del trabajo y la fragmentación productiva bajo las formas de la subcontratación y encadenamientos, tienden a transformarse en mecanismos de reproducción de la pobreza para un gran contingente de trabajadores "desprotegidos" que entran, salen y vuelven a entrar cíclicamente al 'mercado del trabajo', y en general es un mecanismo reproductor o amplificador de la desigualdad. Es claro que "la crisis no la pagaron los patrones". Y esto no es producto de una maldición mística, sino el resultado directo de nuestra debilidad para cambiar la correlación de fuerzas en nuestros lugares de trabajo y para hacer valer la voz de los trabajadores en los espacios en que se deciden las políticas económicas y las reglas de este modelo implantado por la dictadura y legitimado por la Concertación".
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