C h a r l e s B a u d e l a i r e F u n d a d o r d e l a m o d e r n i d a d p o é t i c a . P o r S a k e t W a l i d |
Charles
Baudelaire, uno de los genios del verbo poético nunca dejó pasar su
escritura en vano. Este poeta "maldito" marcó un verdadero
cambio en la historia de la poesía. En efecto, se le considera como el
padre fundador de la Modernidad poética. Su célebre libro Las Flores
del Mal trastornó las normas de la estética imperante en su tiempo.
"Extraer la Belleza del Mal" esa es la poética de Baudelaire.
Su poesía es una síntesis de los movimientos poéticos que imperaban
Francia en el siglo XIX :
el romanticismo y el simbolismo. Al expresar la presencia inevitable del Mal en la naturaleza, Las Flores del Mal pueden leerse como el centro del ser baudelairiano . Esta obra constituye "una especie de trascendencia poética" que inunda al poeta de la influencia del Mal. Transcendencia que queda de manifiesto en ese amplio deseo observado en Baudelaire de crear un universo poético donde él mismo sería Dios. Este universo le permitiría manejar las armas necesarias para utilizarlas contra el mundo exterior o, como dice el crítico literario Benjamín, " El poema es para él, el único ámbito donde puede decir 'quiero' o 'no quiero'. Escribir para instaurar su presencia, para hacer frente al enemigo, es decir, combatir. Se puede incluso enunciar que 'Escribir es Poder'. Escribir es arrancar de las manos de los dioses esa potencia que por mucho tiempo se habían reservado". Es allí donde se sitúa la trascendencia poética baudelairiana, a saber una voluntad de traspasar las fronteras y de infringir las normas; Baudelaire busca la originalidad en toda la materia que constituye su obra: quiere ultrajar la naturaleza, las normas, la moral con el fin de alcanzar eso "desconocido", "eso nuevo" que lo obsesionaba tanto. Baudelaire era partidario de la autonomía del arte que debe necesariamente estar separado de todo lo religioso y lo moral. Así crea un universo poético donde prosigue la búsqueda de Belleza que siempre será bizarra. Baudelaire rechaza lo real y busca en las zonas más oscuras del imaginario. |
La
poesía debe reivindicar su parte de singularidad explorando los universos
hasta entonces inexplorados. Así se convierte en una dinámica que hace
ondular el pensamiento baudelairiano hacia las ideas más escandalosas y
provocantes. El poeta reacciona así contra la concepción clásica del
arte que evita, por prudencia y deseo de moderación, los audaces
malabarismos de la creación artística. Baudelaire
dice a este respecto "la gran poesía es esencialmente estúpida".
Sentencia que debe ser comprendida como una rebelión contra el
ideal clásico que bloquea y frena la imaginación. Pero también vale
decir que el poeta sólo recurre a esta trasgresión de las normas de la
estética para afirmar su voluntad, o incluso su capacidad, de crear y
afirmar la supremacía de su universo artístico frente al universo real y
a sus evidencias. Es la libertad total que se reivindica en la poesía que
en caso contrario sería intrascendente. Así pues, la desmesura, la
extravagancia, la amoralidad reprochadas a Baudelaire, se convierten en
las marcas propias de su escritura que sopla libertad por todas partes,
sino cómo explicar estos impulsos ascendentes, esas ideas reguladas por
el principio del antagonismo y la revolución estética. Así pues, busca
en la verdad de sí y del mundo, pendiendo en los pozos sin fondo del
alma, impulsos ascendentes, que lo lleven a lo nuevo, a lo desconocido y
al misterio. Las Flores del Mal presentan entonces una
lectura mística. Entonces
viene la pregunta : ¿Por qué Baudelaire se rebela contra la naturaleza?.
No sería acertado considerar esta actitud como una complacencia por parte
del poeta en el Mal. A nuestro modo de ver, el poeta emprende una dolorosa
lucha contra el Mal. El acceso a la belleza pura, a la verdadera gloria,
está en este camino jalonado por el dolor en donde el poeta sufre las
fluctuaciones de su alma atormentada que se mueve entre el sentimiento de
la degradación física y moral causada por el Mal y esos impulsos
ascendentes. Baudelaire
no dice: “¡Ah, Señor!
Dame la fuerza y el valor ¡Contempla mi corazón y mi cuerpo sin aversión!”. Siendo el Mal tan poderoso en la naturaleza y consustancial, parece dirigir al poeta hacia una obra donde la estética, asociada a la búsqueda de lo inaudito y del ideal tan inaccesible para él, lo lleve a una poesía en donde se verifique el triunfo de este monstruo. Al describir el estancamiento de su alma, manchada por la materia relativa a la naturaleza (la real), Baudelaire lucha dignamente contra la terrible presencia del Mal en el fondo de su ser. Él sufre; su obvio pesimismo y oscura melancolía son la prueba. Este sufrimiento es el trayecto de una mística o incluso de un doloroso trabajo místico que busca incansablemente el Ideal (la pureza absoluta, la belleza). Baudelaire está consciente de la presencia inevitable del Mal en la Naturaleza, que bloquea toda tentativa de escape. Pero, como lo precisa la crítica literaria "hay una parte mortal del alma propensa a recibir todas las acciones del destino por la mediación de esos demonios ajenos a la voluntad celestial; y otra parte inmortal que constituye al hombre esencial, al hombre interior, inteligente, inmortal y divino". |
Esto
nos lleva a decir que el Baudelaire de Las Flores del Mal no es el
Baudelaire real. Y, puesto
que hay en todo hombre esta parte espiritual incorruptible e inaccesible a
los demonios, ¿no se podría leer su libro como una obra que sublima lo
divino a la manera baudelairiana? ¿Esto divino "desconocido y nuevo"
que obsesionaba tanto al poeta? ¿Este
divino baudelairiano debe entenderse como una solución intermedia,
purificadora, resultante de esta doble postulación que es, según el
poeta, la presencia simultánea del Mal y el Bien, existente en el
hombre?. Hay allí un
trascendencia poética en la medida que la poesía se convierte en una
veneración mística. Esta trascendencia se encuentra en el deseo
incansable que surca constantemente el alma del poeta de escapar de lo
real y de la naturaleza donde vive el Mal. Empleamos
la palabra "veneración"
prudentemente por no decir religión aunque algunos críticos literarios
hablan derechamente de una "religión baudelairiana" Por
eso, conviene incluir la trascendencia poética baudelairiana como una
"especie de Lucidez". Ya que, a su modo de ver, la conciencia de
la existencia del Mal es una prueba intelectual que no sería superada si
se sigue sumergido en la ignorancia; veamos lo que nos dice a este
respecto "el Mal que se conoce es menos terrible y más cerca de la
curación que el Mal que se ignora" ( Baudelaire, Artículo sobre
las conexiones peligrosas). Al ser conscientes del Mal, este queda tan impotente frente a esta verdad que se nos abren todas las puertas de la purificación. Según la crítica literaria RUFF "el sentimiento de libertad está muy presente en el pensamiento baudelairiano". |
Pero
el poeta tiene una gran dificultad para deshacerse del peso aplastante del
Mal que lo traga y lo atormenta, de ahí este sentimiento de culpabilidad
presente en él que lo conduce a una desesperada voluntad de rebelión.
Es por eso que la trascendencia poética baudelairiana se muestra
en el "Anti naturalismo" dado que todo lo relativo a la
naturaleza es corrupción y degradación. Escribir el Mal en su aspereza
es una voluntad manifiesta de purificarse. ¿ Acaso el presentar un mundo
caótico, donde a la vez el espíritu y el cuerpo del poeta se atascan en
los miasmas del Mal, no es
una voluntad de exorcizar a este vampiro que lo devora?.
Para Baudelaire, el hombre retirado y contemplativo es un dandy
que atraviesa el camino gobernado por la maldad hacia la redención.
Este dandy sería lo mismo que un religioso que logra purgar su alma hasta
lograr la anhelada pureza. La
conciencia en el Mal eleva al poeta hacia lo inmaterial, ámbito propicio
para el arte "la supraconciencia en medio de la universal corrupción:
he aquí la única esperanza del hombre". Aunque
este ideal es tan inalcanzable así como la pureza es casi imposible, poéticamente,
la obra de arte es la vía y el espacio de la redención. Tan poderosa es
la poesía para Baudelaire que se convierte en el paraíso recobrado. La
poesía es el espacio que libera el alma del poeta petrificado por el Mal,
consiguiendo así una Verdad o incluso un Credo: la Belleza, el ideal, que
no habitan esta realidad. Su alma grita "dondequiera que esté con
tal que eso se encuentre fuera de este mundo". En realidad la obra de baudelaire es un espacio donde se destruye todo lo material y se convierte en pura esencia. Pero es necesario decir que Baudelaire tenía plena conciencia de que es imposible llegar a la Belleza sin haber pasado antes una larga temporada en los territorios del Mal. Para él, es necesario ir "del horror natural" a "la Felicidad poética". Esta es la llamada "conciencia del Mal". Baudelaire sabía perfectamente que cualquiera que no fuera capaz de sentir el Mal (es decir, no ser consciente de él) se solidificaría en la evidencia engañosa que entrega la ignorancia y nunca podría ser libre. |
Para
Baudelaire, el comienzo de esta búsqueda iniciática de la Verdad y del
Ideal empieza en la toma de conciencia de nuestro ser maléfico que nos
prohíbe toda expansión. Palabras
como "ideal", "desconocido", "búsqueda de lo
Nuevo" son parte del costoso universo Baudelariano y de un alma
deseosa de lo absoluto. El crítico literario Daniel Acke ve en la obra
del poeta que "Mientras en las civilizaciones occidentales se habla
de la muerte de Dios, Baudelaire, por su reclamación con la Muerte,
favorecería reencuentros con lo sagrado". Podemos
confirmar esta idea recurriendo a Sartre según quien la afirmación de sí
mismo no puede realizarse sino en la destrucción de la mirada del otro
quien no es capaz de ver al ser sino a una cosa.
Por lo tanto, mi presencia no puede afirmarse sino en la negación
de la mirada del otro que me considera como cosa y no como existencia
consciente y digna. En
este sentido, Baudelaire sólo se afirma en la negación de la naturaleza
deteriorada por la presencia del Mal. Es precisamente allí un aspecto
fundamental de la trascendencia poética de Baudelaire. Rechazar la
naturaleza es para él rechazar el Mal. ¿Quién podría pensar que este poeta, cuyos poemas se consideraron siempre como un discurso contra la moral religiosa, tendría una determinada creencia de carácter casi divino?. Algunas críticas profundas apoyan esta convicción, según la cual Baudelaire había creado un universo poético que superaba la decepcionante realidad. Este universo compensatorio o incluso sustitutivo pondría el acento en la declaración donde todo se mistifica y se sublima. Así el abismo, la degradación física y moral y el mismo Satán son todos evocaciones sobre un tono místico instaurador de una nueva creencia donde el poeta se redime y libera del Mal. |
Según
esta idea, Baudelaire, no se regocija en el Mal; no quiere ahogarse en las
ciénagas de este Enemigo Inevitable de la raza humana. La rebelión misma
y el pesimismo constatados en las Flores del Mal, no tienen un
sentido nihilista. El trayecto místico doloroso que mencionamos
anteriormente es un intento de redención.
Baudelaire no está en la búsqueda de cualquier fe que lo aleje
del Mal. La trascendencia poética
de la que hablamos en este trabajo es una nueva Fe que se sitúa a las
fronteras de lo real, una fe en el poder purificador del Arte donde el
poeta pretende convertir en posible todo lo que le es imposible en la
vida. Ciertamente las
afirmaciones de Baudelaire, sus críticas artísticas, su pensamiento
propio centrado en la potencia Inevitable del Mal, favorecerían la
legitimidad de una idea equivocada. A su modo de ver, como ya lo
precisamos, la naturaleza está dominada por el Mal, todo lo que es
natural es necesariamente maléfico, corrupto y sucio.
Baudelaire piensa que "el hombre es de naturaleza depravada". "La mujer naturalmente es abominable" decía. Dado que cuanto más se acerca a la naturaleza, más se está próximo al pecado original, es decir, al Mal. La conciencia en el Mal es el primer aspecto del trascendencia poética baudelairiana, pero va más allá. Conviene adentrarse un poco más en su estilo.
Traducción
del francés por Miguel Moreno Duhamel. |
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