Me crié siguiendo un ritmo de educación completa. Me impregné de los ritmos griegos, como "el lenguaje del tambor" de Prometeo. Mis orejas también tuvieron acceso a cantidades nada despreciables de Edgar Allan Poe que debía recitar de memoria hasta que penetrara por completo  en mi sistema nervioso.  Crecí rodeado de ritmos poéticos, de músicas poéticas.  La poesía era el negocio familiar.  A pesar de que mi padre escribía versos más formales que los que yo he escrito, me inició en los versos rimados por la respiración, por el aliento; un poco a la manera del fraseo de los instrumentos de viento.  Más tarde, descubrí a Milton, Shelley, Shakespeare...pero el primer poeta fue Edgar Allan Poe.  Yo debía tener unos seis o siete años.

 

 

Allen Ginsberg (1926-1997).  Poeta estadounidense nacido en Newark (Nueva Jersey).  Uno de los más claros exponentes de la Beat Generation de los años 50, cantó a la américa subterránea y fue voz de los vagabundos y marginados.  Sus pensamientos sintonizaron tanto con los hippies como con los punks años después.  Su poesía es informal, discursiva e incluso repetitiva.  Algunos de sus libros publicados son Aullido (1956); Kaddish (1961); Sandwiches de realidad (1963); Noticias del planeta (1968) y Sudario Blanco (1987).

 

Esta es una entrevista realizada en 1991 por Renaud Monfourny para Ajoblanco y aquí transcribimos la primera parte de ella.

 

-¿No tenía usted las mismas aspiraciones que los otros niños de su edad?

 

No.  Hacia los nueve años tomé conciencia de que era gay.  Por lo tanto, mis aspiraciones eran diferentes.  Además, tuve que ocuparme de mi madre, que ingresó a un hospital siquiátrico cuando yo era muy joven.  Conocí muy pronto la depresión espiritual y el aislamiento.  Me sentía distinto a los otros niños debido a la enfermedad de mi madre, a la personalidad de mi padre, el ambiente izquierdista y comunista que se respiraba en mi casa, a mi precoz interés por la poesía, por la política, por la música...  Y también porque ya de niño escuchaba por la radio a Leadbelly programar viejos blues o jazz de Nueva Orleans: Bessie Smith, Billie Holiday, King Oliver...  También escuchaba a Beethoven y Bach, pero fue la emisora de radio neoyorquina de Leadbelly la que me inició en el blues.

 

Vivíamos a dos manzanas de una iglesia negra y muchos domingos iba allí para escuchar espirituales.  Entré en contacto muy pronto con la música africana.

 

-¿Fue difícil para usted asumir la esquizofrenia de su madre?

 

Yo tendría unos seis o siete años y entonces no sabía que era algo difícil de soportar.  Hoy, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue muy duro, entonces no.  Así es la vida.  En todo caso, la esquizofrenia materna me hizo más tolerante hacia la excentricidad y los comportamientos irracionales.  Hoy estoy menos perturbado por el caos porque ya de joven me vi obligado a confrontar la esquizofrenia y un sinfín de situaciones caóticas, sin perder, no obstante, mi propio sentido de equilibrio.  Fui vacunado precozmente contra la locura.  He conocido muchos locos que probablemente estaban sanos.

 

-Su madre tenía visiones y oía voces.  ¿Le asustaba eso?

 

No, el problema consistía en cómo afrontarlo.  Ella era paranoica, y creía que Franklin D. Roosevelt trataba de asesinarla por comunista o por judía.  Creía que el FBI la espiaba.  Yo estaba muy confundido y me costaba distinguir entre realidad y delirio, sobre todo en el plano político.  Y muchos más aún porque mi padre era socialista y se peleaba siempre con los comunistas.  Decidí no juzgar a los otros y no caer en una guerra de clanes, como hacen hoy los Estados Unidos e Irak, o Israel con su propia histeria.

 

-¿Su padre era socialista y su madre comunista?

Sí, eso provocaba discusiones y disputas.  Por eso jamás fui comunista.  Aunque siempre he sido de izquierda, mis simpatías se dirigían más bien hacia los anarquistas.  Además, yo también tuve alucinaciones.  Cuando era joven, oía la voz de William Blake.  En realidad esta experiencia no no me preocupó demasiado, me lo tomé como una simple experiencia más.  Una razón de más para ser tolerante.

 

-¿De donde proviene su fijación por Poe, Blake y Whitman?

 

Para empezar, mis influencias serían Poe, Kerouac y Burroughs y , a continuación, Whitman y Blake.  A pesar de haber escuchado su voz, Blake no es mi influencia principal.  Puedo comparar lo que me sucedió con Blake con una experiencia sicodélica, porque fue como si me hubiera tomado un ácido.  Fue un alto en la naturaleza normal de mi conciencia, pero sin haber tomado ninguna droga.  Tenía el sentimiento de una conciencia sicodélica, la impresión de comprender cuán viejo era el espacio, cuán infinito el universo y que existía una inteligencia que estaba presente continuamente. 

 

Esa es la mejor descripción que soy capaz de ofrecer de esa experiencia, que iba acompañada de una alucinación auditiva de lo que parecía ser la voz de Blake y que hoy se parece a la mía. ¿Se trataba quizás de una profecía de mi propio potencial sicológico latente?

 

Era una voz que provenía  más o menos deshilvanada del esternón o de algún punto al lado del corazón.  Blake recitaba al lado de mi corazón... Cuando recito su Sick Rose o Sunflower u otros poemas determinados, me doy cuenta de hasta que punto la poesía puede llegar a ser algo realmente serio.  Un poco como la teoría de Artaud según la cual ciertas vibraciones sonoras pueden penetrar en el cuerpo humano y conseguir balancear la estructura molecular del sistema nervioso de manera permanente.  Supongo que eso fue lo que me debió suceder con Whitman y con Blake: un ritmo preciso y unas emociones determinadas que han dejado una huella permanente en mi interior.  Aparentemente, ese también ha sido el efecto de mi propia poesía en Burroughs y en Kerouac.  Al igual que la de Poe, Whitman, Rimbaud... ¿Cuantos adolescentes no han visto cambiar sus vidas tras leer a Rimbaud, Artaud o Poe?

 

Poe es, con toda probabilidad, el autor que ha ejercido una importante influencia sicológica sobre mayor número de personas, desde China hasta Checoslovaquia... Me he dado cuenta de que fue el primer autor adulto que leí y eso vale para todo el mundo:  Poe  es el primer autor que te vuelve paranoico.  Cuentos como El corazón revelador o El manuscrito encontrado en una botella, ofrecen un sentido de la amplitud y extensión planetarias , al tiempo que nos proporcionan una conciencia paranoica y nos conciencian de que en nuestros cerebros pululan pensamientos raros y ondas extrañas.

 

-¿Son esas alucinaciones auditivas las que justificaron su estancia en un hospital siquiátrico?

 

No.  Hacia 1948, yo era amigo de un montón de junkies y de ladrones de Times Square, sobre todo de Herbert Hunky, quien más tarde escribió varios libros y fue el primer contacto junkie de William Burroughs.  

 

Por un tiempo, Hunky consiguió desengancharme de la fauna de Times Square.  Se moría de hambre y estaba enfermo, casi moribundo; entonces yo le acogí en mi casa.  Afortunadamente, recuperó algo de energía y pronto volvió a robar.  Consideré  aquellos hurtos como algo muy positivo: si robaba, quería decir que ya no estaba tan mal y que finalmente no iba a morir.  Pero acabó siendo arrestado y la policía también me atrapó a mi porque traía a mi casa los objetos birlados.  Entonces me dieron a escoger entre la prisión y el asilo.  Tuve una depresión nerviosa y de repente me encontré en el manicomio.  Estaba allí debido en parte a razones médicas y en parte a judiciales.  Tras algunas semanas, me dejaban salir  por  la tarde  y  los fines de semana.  Además, mi  estancia  en  aquel  centro  fue importante porque allí conocí a Carl Salomon, quien me introdujo en el mundo de Jean Genet, Notre Dame-des-Fleurs, y Artaud.

 

- ¿Su amistad comenzó en aquel asilo?

 

Sí.  Carl estaba allí para que le dieran electroshocks.  Tenía un gran sentido del humor.  Era un especialista en literatura francesa.  Había estado en la Universidad de Nueva York y formaba parte  del mundillo de Greenwich Village.  El encuentro fue muy importante para mí  porque descubrí a alguien inteligente y culto que me puso en contacto con una literatura que no conocía, el surrealismo entre otras.  Carl poseía una edición muy rara de Pour enfinir avec le jugement de Dieu, de Artaud.

 

-¿Le dedicó el poema Howl como muestra de reconocimiento?

 

Quise testimoniarle mi amistad con esta dedicatoria.  En realidad, él estaba mucho más sano que yo, a pesar de que pasara la vida entrando y saliendo del manicomio.

 

-Howl es al mismo tiempo un terrible grito de dolor...

 

Howl no es un grito. Un grito es una voz fuerte que surge del pecho.  "Howl" es un término bíblico de Jeremías e Isaías:  "Howl for the cities and their decline, howl for the ruins of Babylone".  Es algo que está muy lejos de un chillido histérico, es más divertido e irónico de lo que la gente ha captado.  El primer verso dice así: "He visto a los más grandes espíritus de mi generación destruidos por la locura, hambrientos, histéricos, desnudos".  La versión original no era así, decía "hambrientos, místicos, desnudos", pero encontré que "místicos" quedaba demasiado sentimentalista, demasiado Beatnik, demasiado bo-hemio, demasiado autocomplaciente; por lo tanto sustituí "místico" por "histérico".  En cierto modo, el poema no fue comprendido del todo.  En América creyeron ver mucha cólera y rudeza, cuando en realidad se trataba de distancia irónica.  No es un grito en el sentido de Artaud, que gritaba literalmente.  El elemento de histeria, de cólera ciega fue amplificado por el academicismo de la poesía.  No existía la costumbre de una poesía de formato abierto que se prolongara de un tirón y sin ningún obstáculo, ese tipo de aliento, de respiración, que se encuentra en Shelley y en otros poetas clásicos.

 

-¿Fue su poema Howl el que le dio la fama?

 

En realidad no, fue mi primer poema.  Tan sólo imprimimos quinientos ejemplares en Inglaterra y los censores americanos pararon la importación del libro; esto hizo llamar la atención sobre Howl.  Más tarde, cuando acabó por autorizarse, El escuadrón contra el Vicio Juvenil de la policía de San Francisco arrestó a Ferlinghetti y a un tipo que trabajaba en su librería y vendía mi libro y les abrieron un proceso.  Ello proporcionó aún mayor publicidad al libro y comenzó a venderse.  Los actos de los censores tienen el efecto contrario a las intenciones.  Pronto comenzó a solicitarse mucho  el libro y acabó por venderse como rosquillas,  al  año  de  su edición.  ¡La única atención que se le dedicó venía de la censura!  Debería estar agradecido de la policía; de hecho, aún lo estoy.

 

En 1950, Kerouac publicó The town and the city.  Por aquel entonces, John Collen Holmes publicó un artículo en el New York Times sobre los músicos de jazz y su ambiente y la nueva cultura que nacía en torno al beat jazzy, recogida en libros como The horn.  El artículo se titulaba The Beat Generation, inspirado en una pregunta que se hacía continuamente Kerouac: "Cuando hablábamos de la Lost Generation (generación perdida) nos preguntábamos si la nuestra también tendría un nombre -afirmaba Kerouac-.  No tenemos características, es la generación del beat..."  Holmes tomó el término Beat Generation de Kerouac.  La simiente acababa de ser plantada...  Burroughs  escribió Junkie en 1952, utilizando varias veces la palabra beat.  Kerouac escribió once libros en cinco años.  En Nueva York era muy conocido, casi legendario, como autor no publicado.  Sabía que era algo especial pero los editores eran demasiado tímidos, la censura les enfriaba.  Los libros de Kerouac, sin embargo, fueron los que realmente aclaraban lo que se estaba dibujando...

 

-¿Cómo conoció a Cassidy, Burroughs y a los otros?

 

Conozco a Burroughs desde el 44.  Yo estaba en el college, y el chico que vivía en la habitación de enfrente conocía a Kerouac y a Burroughs.  Nos presentó y nos hicimos amigos inmediatamente.  En ese mismo lugar conocí a Herbert Hunky.  Después, a Neil Cassidy en el 46, y a Gregory Corso en el 50.

 

-¿Fue el movimiento beat resultado del rechazo al sueño americano?

 

¡Para nada! En absoluto...¡Eso es una interpretación europea! No se trataba de rechazar nada concreto sino de aceptar nuestra amistad, aceptar la noción de camaradería y establecer un vínculo entre el placer y el arte.  La primera vez que me topè con Carl Calomoon hablamos sin parar de El Idiota, de Dostoievsky.  Lo mismo puedo decir de Kerouac...Apreciábamos la confrontación directa -los ojos clavados en los ojos, el alma en el alma-, queríamos buscar el alma del otro, curiosear, investigarnos mmutuamente, eso es lo que nos motivaba al principio.  Lo que Whitman denominaba "afección":  los lazos entre los ciudadanos.  Whitman hablaba de "adhesividad" entre los amigos.

 

Éramos un grupo comunitario donde cada uno era característico, interesante, divertido...No teníamos nada que ver con el afectado lenguaje de la literatura oficial o de la política.

 

Otro aspecto de nuestro grupo era la tolerancia hacia los gays y hacia la homosexualidad.  Bill era gay, yo también, Kerouac no, Neil tampoco, pero se acostaba conmigo y yo me acostaba a veces con Kerouac; Burroughs y yo tuvimos una historia amorosa en el 53.  Existía así una gran tolerancia por la liberación homosexual incluso antes de que se le diera ese nombre, porque considerábamos que era justo vivir la existencia humana de manera normal, sin prejuicios de ningún tipo.  Nuestro grupo era consciente de la diferencia entre el lenguaje y lo que representan las palabras, la semántica, como se dice ahora.  Teníamos un interés común por el budismo -sobre todo Kerouac y yo-, por la meditación y por la noción del vide sunyata sanscrit, que está presente en todos los libros de Burroughs.  Kerouac nos hablaba sin cesar de poemas budistas que leía; yo le seguía...Pero Burroughs estaba mucho más adelantado que nosotros en lo que se refiere a la exploración de la propia textura, la propia conciencia.  En el 45, Kerouac y yo ya hablábamos de la "nueva visión" o de la "nueva conciencia" -inspirada principalmente en Une saison en enfer de Rimbaud- construida sobre la noción de "afección" entre las personas.

 

Todo esto no tenía nada que ver con una supuesta rebelión contra América.  Eran más bien los americanos quienes se rebelaban contra nuestra postura, contra nuestra existencia, tratando de impedir nuestra poesía del mismo modo que se rebelaron contra la naturaleza, destruyéndola, inventando bombas, matando a los indios americanos o persiguiendo a los negros.  Nuestra reacción era una reacción sana contra nuestros contemporáneos.  Ya en el año 55 nos preocupábamos por la situación de la ecología, sobre todo Mc Clur y Gary Snider, con sus poesías.  Kerouac escribió en On the road que la tierra era algo india: "The earth is an indian thing".  Además, entendíamos el arte como vocación sagrada.  La idea de ser poetas era toda nuestra vida, no solo hobby.  Todos teníamos gran amor por el  be-bop y por el jazz.  Sobre todo Kerouac, que se había criado en Harlem y había escuchado a Charlie Parker, Thelonius Monk y a Dizzie Gillespie.  Era el amigo de Jerry Newman, que era ingeniero y el fundador de Esoteric Records, una discografía que produjo los primeros discos de be-bop.  De hecho, existe un tema de Dizzie Gillespie que se titula Kerouac, porque Jack se pasaba la vida en los estudios de grabación.  Esos músicos tocaban sus ritmos tal como hablaban.  Se hablaban con el sonido de sus instrumentos de viento, reproduciendo los ritmos del discurso callejero.  Kerouac tomó esos mismos ritmos y los utilizó en su prosa y en su poesía.  Para nosotros lo ideal era algo así como Lester Young tocando variaciones de Lady be good sesenta y cinco veces seguidas, acercándose en cada variación sucesiva un poco más al éxtasis.  Esa es también la estructura de la primera parte de The howl, un poema de libre respiración que utiliza la palabra howl com acorde base sobre el que realizar variaciones.

 

-Cuando escribió ese poema,  usted estaba más sano de lo que la gente creía...

    

Eso sigue siendo intelectualismo europeo...Cuando escribí The howl, acababa de dejar,después de tres años, un trabajo de investigación de marketing, mis trajes, mis corbatas y un despacho con tres secretarias.  Con el dinero del seguro del paro empecé a escribir con sinceridad.  Yo estaba muy sano, mentalmente hablando, gracias...  Hacía tan sólo siete años que había salido del hospital siquiátrico y de mis crisis adolescentes.

 


Fin de la primera parte de la entrevista, el resto en el número que sigue.