A l l e n    G i n s b e r g , 

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En la edición anterior entregamos la primera parte de una entrevista realizada a Allen Ginsberg por Renaud Monfourny en 1991, para la revista Ajoblanco; si no viste el primer número de Lakúma-Pusáki y quieres leerla, sólo haz un clic aquí.

 

Ahora transcribimos el resto de esa conversación en donde Ginsberg sigue entregándonos pasajes de su vida, de la Generación Beat y sus conceptos sobre la poesía.

 

Entregamos también un selección de sus poemas, además de una nutrida colección de fotografías del autor y de sus amigos.

 

Buen viaje.

 

-Retrospectivamente...¿no considera usted la beat generation como el último gran movimiento literario?

 

Quizás...pero ha habido muchos movimientos en las artes.  La beat generation estaba basada en el be-bop.  Más tarde, se produjo en la música un movimiento literario con textos de Bob Dylan, John Lennon, Ed Sanders, de los Fugs, Lou Reed o Frank Zappa.  Sus letras eran interesantes como prolongación de las del blues, del rhythm'n blues y del rock'n roll.  Era el movimiento de los años sesenta.  La beat generation era el de lo 40-50 y había declinado a continuación porque nuestras preocupaciones se habían convertido en las de todos: el espíritu, la ecología, la libertad de pensamiento, la revolución sexual, la liberación de los negros, de los gays...

 

-Usted proclamó de viva voz su homosexualidad.

 

Era algo normal para nosotros, y lo es para mucha gente.  Sólo se censura como algo provocativo cuando se proclama en público, en la radio, por televisión, en los medios, en la Casa Blanca o por los políticos.  Todo el mundo conoce a gays y habla de ellos abiertamente.  Los únicos que parecen sorprenderse son los curas, los políticos y los censores.  Nosotros sólo queríamos que salieran a la luz pública los comportamientos homosexuales, porque son perfectamente naturales.  Intentábamos combatir la hipocresía.  ¿Debíamos cambiar nuestro lenguaje en público?  Si uno es artista, dice lo que lleva en su interior, por más que parezca chocante.  Tuvimos un comportamiento natural.  Yo permanecí junto a Burrouhgs tanto por razones sentimentales como intelectuales.  ¿Existe alguna diferencia?... Creo que la belleza espiritual se delata en la cara, como en el caso de Kerouac, que tenía un bello rostro y una bella alma.  La cabeza de Burrouhgs refleja una inteligencia implacable y al mismo tiempo muy sentimental.  A propósito, están a punto de sacar un disco en el que Bill canta en alemán Falling in love, de Marlen Dietrich.  Bill tiene un corazón realmente puro y sentimental (risas)...Nosotros nos sentíamos ligados por el aliento espiritual.

-En las cartas que le escribió Burrouhgs desde Tánger, vemos hasta qué punto él tenía necesidad de su aliento espiritual.

 

Tuvimos una relación amorosa.  Él se enamoró de mí.  Cuando partió a Tánger, me fui a la Costa Oeste con Peter Orlovsky, y Bill trataba de ganarse mi afecto enviándome largos capítulos de El almuerzo desnudo.  Yo le contestaba, pero él no conservó mis cartas.  Yo guardaba las suyas, eran muy bellas, muy secretas, literatura de la buena.  Se daba por entendido que las conservaba porque eran capítulos de El almuerzo desnudo.  Yo poseía textos que él desconocía como Interzone, del que yo poseía, en mis archivos de Columbia, la única copia existente.  También es verdad que yo era una de las pocas personas con las que él podía comunicarse entre el 50 y el 54.  Tenía algunos amigos en Tánger, como Kiki, su amiguito, pero se encontraba bastante

aislado, sin demasiado dinero y enfermo.  Tomaba siempre drogas, estaba muy delgado.  Tengo fotos suyas en las que parece un esqueleto de Buchenwald.

 

-¿Estaba realmente solo?

 

Bill conocía a Paul Bowles y a Brion Gysin pero ninguno de sus viejos amigos estaba con él.  Yo le escribía y le daba noticias frescas de cada uno de nosotros.  Más tarde, hacia el 59, cuando viajé a Tánger, Bill se había hecho amigo de Paul Bowles.  Pero al principio sólo conseguía comunicarse con Kerouac y conmigo.  Se comunicaba con Kerouac a través mío.  Yo le respondía lo mejor que podía para que se mantuviera en contacto con nosotros...Habíamos tenido además una correspondencia anterior a este periodo durante la cual me enviaba capítulos de Junkie. Yo era su agente y el encargado de hacerla publicar en Nueva York en 1951.  Así pues, habíamos desarrollado el hábito de esta correspondencia, y yo, por mi parte, el hábito de preservarla.

 

 

-Apoyó alguien a Burrouhgs en Tánger cuando estaba atiborrado de drogas?

 

Kerouac fue el primero que viajó allí para ayudarle en la composición final de El almuerzo desnudo porque era rápido mecanografiando: 120 palabras por minuto.  Yo fui en 1959 con Peter Orlovsky y acabamos El almuerzo desnudo mientras Kerouac mecanografiaba Interzone.  A partir de entonces, Bill comenzó a fumar marihuana sin parar, una cantidad increible cada día -aún continúa hoy-, y también bebía algo.  Creo que por es época ya no era junkie.  Hacia el año 57 su salud era mucho mejor.

-Bill tenía una relación más estrecha con las drogas que el resto de ustedes...

 

¡Oh, sí!  Bill y yo comenzamos a tomar heroína juntos.  Y pude ver lo que comenzaba a suceder.  Cuando comenzó a tomar más de dos veces por semana, se convirtió en un hábito, y eso que sabíamos desde el principio que se trataba de un proceso muy mecánico: si se toma heroína una o dos veces al día durante dos semanas, se crea dependencia pero se puede atajar, mientras que si se continúa con la heroína, el efecto es acumulativo.  Es como los cigarrillos, basta con fumar un cigarrillo tras un largo periodo de abstinencia para que todo el sistema nervioso reaccione de nuevo. Éramos concientes de que tomando porquerías cada d´´ia nos convertíamos en esclavos...Yo siempre tomé drogas, pero con moderación, y lo alternaba con periodos de abstinencia.  Sigo teniendo recetas de opiáceos para mis cálculos renales, pero tomo muy ocasionalmente, probablemente porque mi perfil no es el de un intoxicado.  Jamás bebo alcohol para emborracharme.  Siempre he tomado LSD para meditar o por razones estéticas.  He utilizado la marihuana

fundamentalmente para estudiar la pintura de Cézanne, sobre quien he hecho muchos comentarios.  Cuando estudiaba en la Universidad de Columbia con el profesor Mayer Shapiro, íbamos al sótano del MOMA para fumar "pitos" ante las acuarelas de Cézanne. Siempre consideré que las drogas eran útiles desde un punto de vista educativo para la exploración de la conciencia.

 

El hábito es un factor psicológico.  Yo tengo otros: el sexo o el trabajo, por ejemplo.  Y además yo tuve una "educación" precoz observando a Hunky y a Burroughs en el 45.  Comprendí rápidamente que las drogas y los opiáceos crean una dependencia al cabo de tres semanas.  Desgraciadamente, la mayoría de los que juegan con los opiáceos desconoce el sentido de la medida y acaba enganchada.

 

Con el LSD tuve muchos malos viajes.  Death Trips muy difíciles de resolver.  No los superé hasta el 63 en la India.  Allí encontré la llave para afirmarme y no ser arrojado de nuevo sobre mis propias proyecciones alucinatorias debidas al LSD o a la mescalina.  Viajé a la India para hablar con el lama tibetano Dudjom Ranpocha, el jefe de la orden Nyingna, la antigua escuela budista.  Le hablé de mis alucinaciones y de mi horror debido tanto al LSD como a mis visiones de Blake.  Dudjom Ranpocha me dijo: "Si ves algo que es horrible, no te cuelgues de ello, si ves algo maravilloso, no te cuelgues".  Esa era la llave del cambio, cuando me asaltaban las visiones del horror pensaba siempre que se trataba de la realidad.  A partir de entonces podía reconducir las visiones a un nivel ordinario  y

abandonarlas cuando ya no me encontraba bajos los efectos del ácido.  Ocurre lo mismo a las personas que tienen experiencias extraordinarias sin drogas y permanecen atados a ellas todo el tiempo, como los que tienen visiones religiosas y tratan de trasmitírselas a otros.  Si bien es necesario dejar un lugar a las experiencias espirituales, no hay que olvidar nunca dejar la puerta abierta para aceptar otras.  Para un artista eso significa: "No permanezcas ligado a tus propios triunfos, ¡no mires hacia atrás!"  Tal como lo decía Dylan, "don't look bak".

 

-Usted probó el éxtasis antes de que se pusiera de moda.

 

Fue en 1986.  Tuve una experiencia muy divertida.  Gregory Corso me pasó una píldora.  Estaba en mi casa un amigo muy neoconservador, el redactor jefe de una revista muy

reaccionaria con quien solía pelearme continuamente.  Cuando me sentí bajo los efectos del éxtasis, le dije de repente: "Escucha viejo Norman Pot Lawrence, me he metido contigo desde que éramos niños en la escuela.  Tú eres mi rival sagrado y totémico.  Tú me has otorgado un favor impagable porque durante toda mi vida me he estado rompiendo los cuernos para oponerme a ti y a todo lo que representas.  ¿Cómo podría odiarte?  Tú has cambiado completamente mis puntos de vista..."

 

-¿Sigue teniendo el mismo deseo de probar nuevas drogas?

 

Ya no.  Probablemente tengo un hígado pésimo, lo que es un incordio...Por lo tanto, no abuso mucho.  Además, desde el 72 practico la meditación budista, que permite obtener, por acumulación más que por flashs breves, una conciencia del espacio y una apertura de espíritu a nivel de la vida diaria.  A las personas interesadas por las drogas, les diría que antes intentaran afirmarse ellos mismos a través de la meditación, porque les evitaría tener malos rollos o creer en las posibilidades de tenerlos.

 

-¿La meditación ha sido su última gran experiencia?

 

Kerouac me hizo descubrir la idea general del budismo, la teoría.  Aprendí meditación en un templo del Japón con Gary Snyder, pero no fue hasta hasta 1972 que empecé a practicarla de manera constante junto a mi profesor Shojyan Tronpa.  Trabajé muchísimo con él y enseguida comencé a hacer retiros para meditar.  Por otra parte, él mismo probó ácidos en situaciones de karma y meditación, es el tipo de budistas al que le gusta digerir los opuestos, como pueden ser la meditación y la ingestión de ácidos.

-Usted abrió de hecho las puertas a la generación hippie...

 

Sí, probablemente ellos desarrollaron nuestros temas conceptuales, en particular el cambio de actitud hacia nuestro mundo fenomenológico, hacia si mismos y hacia Dios.  También retomaron otros temas beat, como la libertad sexual, la liberación de la naturaleza y el deseo de conquista del hombre, la liberación de su propia naturaleza humana antes que su naturaleza externa, un sentido de la frescura en un extenso planeta del universo antes que una vida confinada en París o en Nueva York, la toma de conciencia de la posibilidad de destrucción de nuestro planeta, el afecto entre los ciudadanos, antes que la competición, como base de la democracia, el abandono del chovinismo monolítico que tenemos en nuestra tradición judeoislamocristiana, que es uno de los males del planeta, la toma de conciencia de que la dependencia de la petroquímica es una pesadilla que envenena el planeta.  Esos son los temas básicos, más el hecho de la inteligencia va a la par con el

sentimiento.  Una ideología no debe excluir el sueño y la imaginación.  Desgraciadamente, muchas ideologías excluyen el sueño y tratan de suprimir el sentimiento: el catolicismo, el puritanismo, el marxismo, el capitalismo...

 

 

-Usted viajó a Londres y a Liverpool para plantar la semilla beat.  ¿Qué provecho sacó de ese viaje?

 

En 1965 me echaron de Cuba por haber criticado la campaña de Castro contra los homosexuales.  Acababan de echarme de Praga por haber sido elegido el "Rey de Mayo" por los estudiantes contestatarios.  Yo quería aterrizar en Londres algunos días antes del concierto de Bob Dylan en el Royal Albert Hall.  Bob me colocó a Marianne Faithfull de pareja e hizo que nos fueran a recoger en limusina.  Tras el concierto me hizo llamar a su habitación, donde estaba sentado en compañía de los Beatles y algunos amigos.  Recuerdo aquella curiosa situación: estaba en la habitación con los Beatles y Dylan y nadie abría la boca: el silencio era glacial.  Yo estaba algo borracho y me senté en una banqueta cerca de Dylan.  Lennon levantó la cabeza y me preguntó insidiosamente: "¿Y por qué no te acercas aún más?".  Me di cuenta enseguida de su tremenda ingenuidad y me burlé comentando en voz alta que probablemente Lennon jamás habría leído a Blake.  Lennon respondió:  "No, jamás".  Entonces intervino su esposa: "Oh, John, ¡no mientas!".  Seguidamente, la atmósfera se distendió y pudimos hablar con naturalidad.  En esa época, Dylan estaba realizando su película Don't look back y me pidió que le acompañara en Subterranean homesick blues.  Pasé bastante tiempo en Inglaterra, sobretodo con Dylan y Donovan.  También frecuenté a los poetas de Liverpool durante una gira de poesía que culminó en una importante lectura pública en el Albert Hall -para imitar las apariciones de Dylan en el mismo local-.  Siete mil personas acudieron al recital de poesía, lo que nos sorprendió en grado extremo.  Entre el público se encontraba Indira Gandhi, que estaba en Londres, y me hizo llegar una nota desde el palco para solicitar que la colocara en un asiento más cercano al escenario.  Esta lectura había sido organizada por MIles, que dirigía la librería-sala de exposición de sus obras.  Miles también escribió una larga  biografía  sobre  mí  y  produjo  mi  primer  disco.   Recuerdo  que  regresé  a  Londres  en  el  67.  El gobierno 

subvencionaba entonces las grandes lecturas de poesía.  Había una interesante dialéctica de liberación organizada por Art D. Liang, el célebre siquiatra, donde intervenían otros siquiatras, líderes negros como Malcom X, o grupos de teatro vivo, Greatful Dead, etc.  Se pronunciaban conferencias muy interesantes.  Recuerdo especialmente la de Gregory Batsons, que había escrito La ecología de la mente.  Era una gran psicólogo, un gran científico, que hizo una larga exposición sobre El proceso ineluctable del efecto de la sierra.  Afirmaba que este efecto sería apreciable y visible a simple vista, sin la ayuda de ningún instrumento científico, en tan sólo veinte años, y que podríamos comprobar el efecto de las lluvias ácidas y del recalentamiento de la atmósfera.  Liang sostenía que el proceso sería irreversible en treinta años.  Hará de esto casi 25 años (sonrisa).  Me impresionó hasta tal punto que durante años no dejé de hablar del efecto sierra en mi poesía o en conversaciones como ésta.  Esos son mis recuerdos de Londres: la poesía, las revistas y esa mezcla de poetas y rockers.  Pasé bastante tiempo con Mick Jagger, a quien le pasaba los ácidos.  Es muy smart e inteligente.  No, Mick Jagger no es un idiota.  Por aquella época se hacían movilizaciones en Hyde Park 

para la legalización de la marihuana.  Yo hablaba con un micro y un amplificador, cosa que está absolutamente prohibida en los parques ingleses, y la policía vino para confiscarme, ante millares de personas, el material de megafonía y, como no quise mostrarme violento, les ofrecí una flor con una mano mientras les tendía el micro con la otra y continué mi discurso sin micrófono...La manifestación fue filmada y me acuerdo de haberla visto por la tele en compañía de Mick Jagger.  Sentí todo ello como la actitud perfecta que debe adoptar un contestatario que aplica en público las consignas del flower power.  Había preferido utilizar el humor inteligente al enfrentamiento crispado.  Por eso, disponía de excelentes ácidos que me pasaban los Greatful Dead y Emett Grogan, el escritor anarquista de San Francisco.  Jagger vivía en Primrose Hill y enviaba a su chofer a buscar ácidos.  Nos montamos cantidad de trips sagrados Primrose Hill.

 

-Usted ha intentado siempre hacer pública su vida privada como si se tratara de una filosofía o de una obra en si misma...

 

No, no como filosofía o como obra, sino porque no tenía otra elección...En el budismo existe una especie de acuerdo formal entre el estudiante y su maestro.  Funciona así: "Los seres con poca ciencia son numerosos, hago voto de liberarlos.  Mis propios obstáculos son innumerables, hago voto de superarlos.  Mis neurosis, mis fobias, mis paranoias, son infinitas, hago voto de superarlas.  Las puertas del dharma son entradas para nuevas situaciones, hago voto de pasar a través de cada una de ellas.  El camino de buda es infinito, hago voto de seguirlo, es el camino de la apertura del espíritu".  Naturalmente, nadie es capaz de conseguir todo ello, pero esas promesas apuntan al menos a una dirección, a un ideal a seguir.  Creo que los poemas de bienvenida cosmopolita son aquellos escritos con candor y paranoia.  En fin, aprendí de mi madre a no saber guardar jamás un secreto.

 

 

 

 

 

 

 

Poemas de Allen Ginsberg

Aullido.

Punk Rock eres tú mi gran llorón.

Desamor.

Culpar al pensamiento, aferrarse a lo falso.

"No envejezcas".

Cerebro de Brooklin College.

Blues del chivato.

 

 

 

Miguel Moreno.