E S C R I B E N   H O Y

 

 


 


 

 

 


 

Ó s c a r   S a a v e d r a   V i l l a r r o e l

 

Óscar Saavedra Villarroel es poeta y videopoemista latinoamericano.  Encabezó el movimiento Descentralización Poética y ha publicado el libro Tecnopacha, que cuenta con tres ediciones: la primera el 2008 en Perú; la segunda el 2012 en Ecuador y la tercera edición en Santiago de Chile el 2016 por Editorial Desbordes, de donde extrajimos estos poemas.

 


 

 

 

: lectura visual/visceral de un valle pintado al óleo en la tierra:


 

 

Llegué a los veintitrés años.

Me hice hombre a la misma edad.

Idee el cómo y el cuándo de mis conquistas.

Luego como Wittgenstein, construí otro libro

Que echara abajo mis anteriores palabras

en esta ciudad sin nombre, les dije a sus habitantes:

“he aquí lo que les puedo ofrecer”.

Me tiraron piedras. Me gritaron Neoliberal.

Me encasillaron en un demente anárquico

(según los contextos en donde anduve).

A los veintitrés años, supe lo que era parir sin útero,

dejar sin semen mis testículos.

Supe que no quería descendencia

que solamente la fama me haría símil

a una estrella hollywoodense

de la historia de vuestras histerias.

 

 


:fatales ascensos en estas tierras que habitan lo cósmico del subdesarrollo:


 

 

Ascendí entonces en un ascensor frente

al ex congreso nacional, entre Bandera y Compañía

Acompañando a un abogado que decía saber

de las leyes de la tribu.

Me dijo que lo más probable era un exilio:

España, Francia, Inglaterra, Alemania, Suecia;

entonces apareció la ira de mi ethos maldito.

Le dije que yo quería quedarme aquí, aquí no más;

que la cobardía se la dejaba a la mezcla

lívido antártico y descender era mi proeza;

olvidar, la escritura críptica de mis sensaciones.

De inmediato me subí a un micro en dirección a Mapocho

y me bajé en un lugar que decía ser la cúpula

de los artistas adolescentes.

Ingresé a un taller – disfrazado de muchacho-

dirigido no sé por qué

tipejo

en donde lo primero que supe fue

que tendría que competir con espejos quebrados

y la vejez ansiosa de una creatividad mall.

 

 


: ME DIJE TANTAS lagunas reflejando bosques esa TARDE:


 

Tengo el derecho a sentirme diamantino,

a ser el sol euro de mis cosacos indios,

a sentirme gloria araucaria neandertal-olimpo,

a decirme Dehesa Dublín, altiplánico gigoló,

burgués de rulos petróleos

y medirme con el sol de la noche;

hacer gala de mis mejores escuderías y autos efebos

de lo tecnocrático que soy, a ratos

tengo la relativa elección de ser mi cordillera,

beber del hielo punk San Rafael,

coger macho-machi con el poder de la luna;

hacerme hija a cuanta kuyén

de rulos oropelados encuentre por ahí

me puedo emborrachar de neuronas occidentes

violar cuánta niña, madre, pachas; cortarme de soles los ojos,

rasurar mis voluntades ,

secar mis testículos como desierto

y decir como fusil M16:

te infertilizaré el origen, ethos,

para hacer el amor con mi territorio.

 

 

 

 


 


 

 

 


 

L e t i c i a   S a n d o v a l

Leticia Sandoval, nació en León, Guanajuato, México, el 31 de Octubre de 1959, ciudad en la que vivió hasta los 19 años de edad, desde entonces radica en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México, donde estudió Ing. Agrónomo Zootecnista. Ha escrito poesía toda su vida, y a partir del 2005 de manera profesional.

Publico su primer libro de poesía Versos para no Dormir en el 2008 de manera independiente y la segunda edición 11 meses después.


 

 

 

 

V E N


 

 

8

en milímetros.

¿Suficientes para ti?

¿Suficientes para tu boca?

Ni_grandes_ni pequeños_.

Me gusta su color, su tamaño, su grosor.

Sólo falta tu boca acercándose a ellos.

 

 


S H H H


 

 

Tus palabras a tu imagen se unieron

y juntas guiaron mis manos…

y comiste y bebiste y te bañaste la cara

y te llenaste la boca

y con los dedos

empapados y escurridos

 

_me probaste_.

 

 


I M P O S I B L E


 

 

En esta casa poco importa

la edad, el sexo, la clase social,

que te quiera o que te_ame.

 

Lo que importa es que

salpico las paredes de la ducha.

 

_Imposible_

 

Tú y yo

no podemos vivir juntos.

 

 


R E V E L A C I Ó N


 

 

Despertar,

con la sonrisa en el rostro,

la placidez de un sueño reparador,

ver el cielo, descubrirlo bello,

perderte en las formas irregulares

de las nubes,

ver el verde en los prados,

escuchar cantar las aves,

esto es maravilloso,

sentirte viva,

esto es felicidad.

Sí.

 

Los antidepresivos

                              _son geniales_.

 

 

 

 


 


 

 

 


 

S e b a s t i á n   d e   l a   F u e n t e

 

Sebastian de la Fuente es arquitecto. Ha trabajado en el campo del arte, la museografía y la arquitectura. Es profesor de arquitectura en varias Universidades, entre otras Universidad Central, Universidad Finis Terrae, Universidad Mayor, Utem. En el campo de la escritura ha publicado Escalas (poesía, editorial Contramara, 2014) libro mínimo donde se aborda la relación entre intimidad, silencio y arquitectura, con un fuerte predominio de lo blanco y el espacio vacío. Por su parte se encuentra trabajando en un nuevo texto titulado, tentativamente, Autocorrección.

 


 

 

 

 

ARQUEOLOGÍAS


 

Poner
Los ojos
En la tierra
Hacer un hoyo
Ver los estratos
Un cacharro
Una moneda
Minerales
Del viejo trapiche
Canales
Subterraneos
Que llevan
Cargas
Magnéticas
De aguas
Que limpian
Y decantan
Bajo el suelo
De una casa
Deshabitada
De adobe
Revoques
Maderas
Dinteles que caen
En el aire
Del pueblo
Que amenazan

Su huida
Un río
De piedras
Bajo el sol
Que traspasa
La cordillera
El trajín
De soldados
Realistas
Libertarios
E incas
El fuego
Y la carga
De plomo
De oro
De muerte
Enterrada
Que penan
Y aparecen
De pronto
En la niebla
El reencuentro
Jesuita
Y la iglesia
El molino
Derrumbado
Vacío
Pensar la distancia
La palabra
Escondida
Que deja
El encuentro
Son dos
En la galería
Desmantelada
Arrancada
De cuajo
La palmeta
De arcilla
Recordar
La montaña
El cielo
Boca abajo
El fantasma
Pasea
Campante
Por la tarde
Que pica
En compañía
De desaparecidos
El oro
Escondido
En un rincón
De la conciencia
Fija
Sin alternativa
Remover
Para adentrar
La mano
El cuerpo abatido
Del verano
El jardín
De paltos
Nogales
Y olivos
La zanja
Del agua
Imaginaria
Que reverbera
En la bodega
De una casa
Levantada
De tierra
Entrepiso
De madera
Y cerchas
Descubiertas
Nuevamente
El pozo
La pirca
Desmoronada
Y el general San Martín
Y el cofre
De greda
Una plancha
De lata
Y la piedra
Que filtra
Presencias
De barro
Un paisaje
De nubes
Y cordones
Abiertos
Como heridas
Donde se ahogan
Llamas
Gallinas
Zinc acanalado
Y oxido
Palos podridos
Herramientas
De corte
Revoques
De tierra
Maquinarias
Del tiempo
Que persisten
En el paso
Del fuego
Sobre el agua
Conducida
Sobre la piedra
Que gira
En su eje
Una mesa
De tiempos
De hallazgos
Desplazados
En vitrinas
Imaginarias
Una cubierta
Abierta
A los pájaros
Al canto
De una orilla
Que avanza
De amanecida
Por la puerta
De olivos
Y pimientos
Que se miran
Contra el cerro
El horizonte
Y una ladera
De espinos
Amarillos
La nube
Deshecha
Cargada
El ojo
Vigilante
Y con ello
Los visitantes
Tomándose
Un vino
Añejo
La voz
Que recuerda
La gesta
De indios
Soldados
Para saldar
La deuda
De matorrales
Y animales
Muertos
De esclavos
Muertos
De indios
Acorralados
Que remueven
El candelabro
Que luce
Enredos
huesillos
Parronales
Bodegas
La lluvia
Llevando
La crecida
El camino
Que lleva
A campos
Solitarios
Extendidos
Por el valle
Lee el viento
La colina
La rendija
De otra puerta
El cuarto
La viña
Poner
Los ojos
En la tierra
Desenterrar
La familia
Perpetrada
Perseguida
Cristalizada
Que dibuja
El Trapiche
La canoa
el tranque
Y la pirca
Derruida
El molino
Desaparecido
De espalda
La tierra
El peldaño
Y el sueño
Un atadito
De pelo en la llaga
Destrabada
De un muro
Aplomar
Las esquinas
Abiertas
Salir
De nuevo
Correr el cerco
El llano semicurvo
La ventana tapiada
Y al oriente
De amanecida
El pan de oro
Escondido:

Plantas

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

Poner

Los ojos

En el suelo

Remover la tierra

Construir un moldaje

Deconstruir un paisaje

Una casa

De hojas

Secas

Roídas

De pastos

Fluorescentes

Lupas

Almácigos

De vidrio

Donde viven

Gusanos

Entre hojas

Discursos

De familia

Los Ángeles

Y demonios

El Arrayán

Y Punta Arenas

La casa apenas

Hebras de alambre

Pastizales

Cordilleranos

Refugios

De paso

Huellas

De vida

Arrieros

Hollín

Que fue centro

Del fuego

Una casa

Adentro

De una casa

Desplegada

Mesa cama herramientas

Cocina

Ropa

Bajo otra casa

Moderna

De pino

(Mrs. Farnsworth)

Abrir la celda

Remover la puerta

Mostrar la marca

El cuerpo empuñado

Un laberinto

De puertas

Carcelarias

Bajo otro cielo

De vidrio

A un lado

Los que visitan

Del otro lado

El laberinto

De puertas

Suspendidas

Hacer un hoyo

Pasar debajo

De otro piso

De tierra

Hormigón

Hojas secas

Cuando inaugura

La fábrica

Su quiebra

Un ceibo

Y una sala

De muestras

Un laboratorio

Hospitalario

Meterse abajo

Nuevamente

Poner los ojos

En el suelo

Abandonar la pega

No al equipo

Cuidar la planta

Un musgo

Una piedra

De espaldas

Que unen

Y conectan

Una escalera

Pedacería

Para subir

A cubierta

Y saltar

La ciudad

De un museo

Santiaguino

Recogiendo chicles

Fosilizados

Ahora afuera

De un colegio

Veredas

De Curitiba

Poner la mesa

Un mapa de pasos

Y ansiedades

Un lomo de toro

Ahí sentados

En la cuneta

Para un futuro

Que fue

Y no será

Un museo

De paso

Una esquina

De hotel

Paraderos

Vacíos

Y calles

abandonas

Y caminatas

Sin destino

Compañeros

En la zona

Desolada

De aguas estancas

Y cosas flotantes

Plantas

Arquitecturas

Escaleras

Fundaciones gradas aisladas una hilera

De puertas

Medianeras

Fotografías

De otras ciudades

Un prospecto

De territorios

De palabras

De pequeñas

Comunidades

De bichos

De tierras humedecidas

De tierras

Secas

Un garaje

Y un muro

De adobe

Aspersores

Incubándose

Vida

Una escuela

De extraterrestres

Una acequia

Una campanilla

Una letrina

Un invernadero

Frutillas frente al estrecho

De Magallanes

De Talca

Y el César

Tirándose

Una mina

Un alemán

Mañoso

Una plancha de zinc

Un cuadro de tejas

Un techo teñido

De fuego

Nuevamente

Los Libros

Las Causas

La amplitud

Una cascada

En el desierto

La roca

Manchada

Tomando

Piscolas

En la costanera

Cunetas

Bandejones

Demarcados

Ausentes

7 eleven

En una azotea

En California

Un nuevo barrio

Arqueologías

Futuras

Y nuevamente

Perderse

En Coyhaique

En Cuba

En Venecia

Fotografiando ligustrinas

De manzanas a punto

De podrirse

En el árbol

Un paisaje

De infancias

Una biblioteca

Enterrada

Tablas al fuego

Y un encofrado

De madera

Un pedazo

De muro

De tierra

Viva

Un camión

Y una diagonal

En el piso

Libros

De aritmética

Pornos

De Armando

El compañero

Ricardo

Levantando

El taller, un galpón

La pintura

Puntos blancos

Dorados

Plateados

Acrílicos

Entrando

En leseras

No menores

La escala

Minucias

Enormes

Lugares

Menos tiempo

Que lugares

Ninguna abstracción

Cruzando un muro

X un río

Un marco de palos

Cuchareados

Un esqueleto de palos

Levantado

Un refugio

Trasplantado

Un paisaje

Una ruta

Que se hace

Una acción

Habitante

Que deviene

Expediciones

Situantes:

 

Arqueologías.

 

 

 


 


 

 

 


 

R a y e n   A r a y a   C a v i e r e s

P o e s u c i a

 

Rayen Araya Cavieres ha inventado a la Poesucia, una imagen en el espejo social o como Rayen misma dice: “Hoy asistimos a una nueva era en que la poesucia se erige como nuevo templo yihadista de las letras. Dejamos atrás los modelos añejos, en que el arte debía ser considerado limpio, oloroso, bueno, bello, progre. Nosotros que somos los que vemos la poesucia, en todas las cosas de la vida, la incongruencia de los que dicen ser la vanguardia y en realidad solo buscan sustentar sus prácticas torcidas en modelos certificados, y manoseados de la falsa izquiernazidad”.

 

Presentamos algunos textos de su libro de 2016, “Estado Terrorista”.

 


 

 

 

 

¿ Q U I É N   S O Y ?

( A U T O R R E T R A T O   P O E S U C I O )


 

 

Una minita promedio cualquiera, de la calle Meiggs

cuerpo de machi chiñurra

y zorra pelúa,

olor a puerto.

 

Mal educada, mala persona,

madre soltera,

un proyecto de lesbiana fracasado

con alma de travesti,

soy la que violó tus sueños inocentes

de concerta-sionista mágico

con un consolador que compré

en la feria

a un trolo sidoso,

soy esa putita sensible,

que te metió un dedo en el hoyo

hasta el fondo

cuando todos lo hacían en la medida de lo posible.

 

 


C O N S T I T U C I Ó N   D E L   8 0


 

El sex shop de Cumming con Huérfanos
se parece mucho
a la Constitución Política
de la República,
todo es lindo
pero no sirve para nada

especialmente,
si las paredes de tu vulva,
han cedido con el tiempo
por tanta mala cacha.

El sex shop de Cumming con Huérfanos
se parece mucho
a la Constitución Política
de la República,
todo es lindo
pero no sirve para nada,
por eso
cuando no tengo dinero
para comprar un juguete nuevo
o la Bomba 4
del diario La Cuarta,
me la refriego intensamente
por entre los bellos de mi extensa zona púbica,
y me corro una que otra paja,

en honor a nuestra Carta Magna.

 

 


Í N T I M A


 

 

Me dejaré crecer el vello púbico

hacia el infinito

hasta convertirse en un enorme y frondoso árbol,

sólo para enamorarte hasta el asco,

con mis olores de gata recién parida

a sangre infectada y fecas frescas.

Bien sabes, que me gusta escribir sin calzones

y de rodillas,

con la tinta indeleble de lo que sale de entre mis piernas

cuando me pajeo con alguna porno barata.

Bien sabes, que mi propio cuerpo es el discurso

esta noche

y la obra de arte

son mis tetas que se caen como trompas de elefantes

y la cadencia de mi vientre tajeado por las cesáreas mal hechas

en un hospital público

a medio terminar por el político corrupto de turno.

Por eso es que me odias,

por eso me desprecias,

porque yo soy todo eso que tú no has querido ver de ti mismo,

soy todo eso que tú te niegas.

 

 


 


 

 

 


 

F E L I P E   U R R U T I A   P O N C E

 

Recibimos hace algunas semanas algunos poemas de Felipe Urrutia Ponce.  No tenemos mayores antecedentes de él que sus creaciones de las cuales elegimos una muestra.

Lo que primero nos llamó la atención fue la sinceridad que inundaba sus escritos; unos juegos de palabras muy emparentados con la canción, unas pequeñas rimas encantadoras, pero también

una realidad aplastante cuando recorre las sombras del humano, las que pueden alcanzarte no importa donde te escondas ni por cuanto tiempo.

 


 

 

 

 

C R U E L   V E R D A D


 

No sé si doña Julia

seguía su camino

de llegar a su casa roja

la cuál era su destino

en aquel fatídico día

en la que murió sin abrigo.

Por eso el pueblo llora

a la Julita con cariño.

A dónde te fuiste Julia

¿Quién nos la ha quitado?

¿Quién ensangrentó sus manos?

Y tu alma nos ha robado.

Algo debió haber hecho

rumian con desparpajo

las mismas viejas odiosas

que siempre inventaban cuentos.

Pero como la fama de las señoras

no era un buen aliado,

Me mantuve firme cual soldado

Haciendo poesía en tu epitafio.

Ya todo había pasado

y el todo parecía cerrado

hasta que llegó la noticia

que me ha dejado tocado,

doña Julia era la matrona

de mujeres que habían violado

durante el régimen del dictador

que gustosa había apoyado.

No podía dejar de preguntar

Cómo una anciana de amor

podía darles la bienvenida

a los bebés cuyas madres mató.

Dio la casualidad

que una de aquellas niñas

llegó hace unos meses al pueblo

y se convirtió en su vecina,

y enterada de la verdad

que tanto se le había escondido

hizo venganza con las manos

por todo lo que se había perdido.

Ahora no sé qué creer,

no sé cuál es la verdad,

el asunto es que si fuese mi historia

¿Habría reaccionado igual?

Cuestiono mi fe en la ley

hasta mi fe con Dios,

porque si él es el guía

¿Cómo esto sucedió?

Mi crisis era real

como la de los neuróticos citadinos

que lloran por un combo

que tenían merecido.

Para mí ya nada valía,

para qué abarrotar mis cuadernos

si la maldad se coloca

en tu pueblo interno.

Pero cuando mi fe creía perdida

me topé con unos cuadernos viejos,

que con pompa describían

los héroes y su pellejo,

por ayudar a los desvalidos

el amor que Dios depositó en ellos.

 

 


E L   R Í O


 

¡Ay Dios mío! Qué horrible vida este hombre tuvo.

Decían las altas señoras con un nudo en la garganta.

 

En los vívidos muros de un conventillo,

que solían anular los rayos vespertinos,

creció Alfredo,

un cabro chico mal parío.

 

Prostituta era su madre.

El licor su arma mortal.

Objetos del escrutinio público

de los hipócritas de la moral

 

Así son estos rotos, miren sus miserias

¿Y quieren que ellos gobiernen? Reclamaban estirados oligarcas.

 

No había límites. Violencia, dureza, crueldad,

Eran los aliados con los que convivía

ni la imaginación de niño los comprendía.

No se pudo evitar, frisaron su alma,

y su fe en la humanidad.

 

¿Cuánto habrá vivido su madre? ¿Habrá sido peor?

Con hambre y con un crío, en la noche encontró una amiga,

de las que no juzgan cuando lo saben todo,

de las que nada se les escapa, pero son confiables

porque de tu mierda dicen nada.

 

Vivían amontonados, y dormían apretujados.

Ella sin su bata y el con hormona alborotada.

Era ese deseo, que excita más cuando está prohibido,

Te duele, te calienta, te lo guardas, te enloquece.

Con su cabeza piojenta acurrucado en sus tetas

su escuálido cuerpo robustecía por la franja materna.

Era como agonizar en fervor

 

Apócrifos, su vida licenciosa es un ejemplo. Satán en su asco

¿No ven como hace falta la Iglesia cuando el bolchevismo aparece?

¡Ay! Ponían el grito, los curas altivos y sus monaguillos.

 

Un cacho para su madre.

A su padre nunca le importo,

partió a un orfanato

donde un sacerdote lo violó.

 

Se escapó, obviamente.

Alfredo ya no tenía hogar,

caminó solo por las calles,

una estadística más.

 

El Estado nos ha abandonado decían los curas del “Rerum Novarum.”

Nos dejan solo con tamaña empresa, orar por los trabajadores

para mantener a las esposas en casa. ¡Ay Dios mío!

 

Los ríos son creaciones fantásticas,

traen agua con rudeza, a veces sin piedad,

pero otras tantas son calmadas

y taciturnas para navegar.

 

Como toda capital, trae mirones por montones.

Familias, amigos y huachos

que buscan allí suerte y trabajo.

¡En el campo ya no “queida” “naide” pues señor!

 

La triste verdad, que la leyenda oculta,

es que son pocos los que prosperan

a costa de las desaseadas y vagabundas.

 

Alfredo llegó al río, pobre y sin centavo.

 

Esto es porque no hay mano dura, “alharaquean” los armados.

Ya no es como el pasado dicen.

 

Que rara la forma, que extraña ocasión,

en un grupo de pandilleros hizo amigos,

socios y familia, aunque fuese

maldita la iniciación.

Es un crimen, es un tabú. Dudas que es un hombre,

dudas quien serás,

pero Alfredo permaneció allí, como pasto

maltratado que da flor igual.

 

Del conventillo al hampa. De pelusa a ladrón.

 

Observen compañeros como estos delincuentes ensucian la causa,

esa que tú, yo y todos apoyamos, la del proletariado.

 

Todos tenían su causa, todos su grupo defensor.

Obreros, feministas, y hasta evangélicos,

pero olvidaron a los rotos de patita pela.

 

En el río Alfredo encontró su hogar.

 

 


E S C A T O L O G Í A   P O R   M I S   T Í O S


 

 

Tocaron a la puerta

                                               ¡Son los tíos!

No hay como la visita que uno nunca espero

                                               Esos que no se van nunca

Y te devoran el refrigerador.

 

Son tres los tíos

                                              ¿Por qué llegaron?

 

El tío Ambrosio

                                               Que es más gordo que un cachalote

Se burla porque uno es palillo

                                               Pero se irrita si le toco los michelines

¿Por qué viniste viejo feo?

 

El tío Ramón

Que es canuto y da sermones

No para de leerme los Evangelios

                                               Sobretodo el de Lucas

Aunque no sepa traducir del griego

                                               Tampoco sabe que el más antiguo se llama Q

Abúrrete viejo fome.

 

Y está el tío Marcelo

                                               Que es bueno pa’ tomar

Desde las siete de la mañana

                                               Y sus damajuanas pa’ llevar

Creo que las revende

                                               Ándate viejo “curao.”

 

Cuando al fin se fueron

                                               A dos meses de su abrupta venida

Me bajó la nostalgia

                                               Y los echo de menos

Pero se me pasa en un siantamén

                                               Cuando puedo sentarme al baño

Sin tener a los tres.

 

 


Y O   I N V I T O


 

Yo invito a don Tenorio

Aunque ande medio cojo

A que saque por el fondo

Las aguas de mi pozo

 

Yo invito a la viuda Requena

Que parece un alma en pena

Que busque la alegría

Con las aguas de mi cantera

 

Yo invito a Luis José

Moquillento y buen amigo

A que haga con mi cepa

Las mil gracias del vino tinto

 

Yo invito a la doña Clara

A que se presente por mi pieza

A que haga con mi jarra

El mejor jugo de frambuesa

 

Y con ellos invité a todos

A que se sirvan de mi meza

Y que beban con enjundia

La mejor agua de mi tierra