E S C R I B E N   H O Y

 

 


 


 

 

 


 

Lourdes Casal

 

Lourdes Casal (1938-1981) miembro de la comunidad de cubanos residentes fuera de la isla, emigró a los 23 años con un pensamiento crítico hacia el régimen de la revolución. El que cambiaría años después transformándose en una destacada figura intelectual y revolucionaria.

 

Promovió un vigoroso movimiento de jóvenes de origen cubano que germinó en la constitución de la Brigada Antonio Maceo.  En 1974 fundó junto a otros compañeros la revista Areito.  En Estados Unidos impartió clases de Psicología en la Universidad Rutgers en New Jersey.  Murió en 1981 aquejada de una insuficiencia renal.  Los poemas acá expuestos pertenecen a su libro póstumo "Palabras juntan revolución" editado por Casa de las Américas.

 


 

 

 

E S T A   Q U E   F U E   M I   C A S A


 

 

Esta que fue mi casa

tiene ahora

la faz descascarada

y la pátina

implacable

horadante,

del olvido.

 

El balcón se ha reducido,

la escalera

parece replegarse tras un manto brumoso.

 

El barrio regresa

en sus sonidos.

 

En días de lavado

la casa se llenaba de olores penetrantes

jabón,

lejía,

almidón,

mientras la tía Adela batía con un palo

montañas de ropa blanca

humeante en sus enormes bateas de aluminio.

 

Y yo sabía que todo estaba en su lugar

cuando Pastor llegaba con su lata de tamales

y la tía concluía el tendido de la ropa;

y apresuradamente prendía los fogones.

 

El patio de mi casa

es muy particular

si llueve, te mojas

como los demás.

 

Vestiditos de encaje blanco

cintas de tafetán tornasolado

y zapatos de charol;

el ruido del sobrecargado columpio de madera

asciende con las voces verde-limón

y los ladridos alborozados de los perros

hasta la ventana de Talúa

el que castigaba a los niños malos

siempre impenetrable

siempre protegida por aquella

gruesa cortina roja

que flotaba ominosa sobre el patio.

 

 


E L   O R G A N I S T A   D E   L A   I G L E S I A

D E   S A N   N I C O L Á S


 

 

El organista de la iglesia de San Nicolás

apareció un día,

descuartizado.

Los crímenes de la niñez

permanecen

como búhos de piedra,

colgados en la memoria.

Nunca me he olvidado del organista

ni de Olegario,

aquel a quién castró

una mujer despiadada.

El horror tiene su fijeza.

 

 


E N   E L   E S P E J O   V E O   Q U E,   D E   P R O N T O


 

En el espejo veo que, de pronto

(es asunto de días o semanas)

sobre mi frente,

-ahora un poco más ancha que hace poco-

proliferan las canas.

Y todo el polvo acumulado de este agosto

parturiento de monstruos y terrores

se me viene a los ojos.

Y reviso la lista de viejas soledades

y evoco las banderas de Praga

y los anfiteatros con guirnaldas de cascos

y las noches del miedo y las sangrantes

cabelleras.

Un año no es un año

un mes no es sólo

un inocente mes.

¿Cómo llevar las cuentas del agravio

y la acumulación de los suspiros,

el peso desigual de cada día

y el poder desgarrador de las mañanas

que desnudan los árboles

y ennievan los cabellos?

Entra Septiembre.

Tiemblo.

 

 


D O M I N G O


 

 

Recorro las calles de este New York vestido de verano,

con sus guirnaldas de latas de cerveza

y envoltorios de helados,

con su fauna fantástica

desbordada por la Quinta Avenida,

por Broadway,

por Riverside,

toda la increíble fauna y flora

de esta ciudad increíble,

desde los hare krishnas hasta los escoceses con gaitas,

desde el aprendiz de violinista

hasta el discípulo de Marcel Marceau.

Recorro las calles de la ciudad,

obsedida por la pasión de nombrar,

azotada por la furia de fijarlo

y recrearlo todo en la palabra,

esta batalla irremisiblemente perdida

contra la caducidad de todo,

esta batalla incesante y dolorosa

contra la erosión,

el tiempo,

y el olvido,

que lo devoran todo.

 

 

 


 


 

 

 


 

Alejandra Pizarnik

Nacida en Buenos Aires en 1936, Alejandra Pizarnik publicó sus primeros poemas cuando apenas contaba veinte años.  A comienzos de la década de 1960 vivió unos años en París, donde entabló amistad con André Pieyre de Mandiargues, Octavio Paz, Julio Cortazar y Rosa Chacel.  De regreso a la Argentina, pasó el resto de su vida dedicada a escribir.  Murió en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1972.

 


 

 

 

 

T A B L A   R A S A


 

cisternas en la memoria

ríos en la memoria

charcas en la memoria

siempre agua en la memoria

viento en la memoria

soplan en la memoria.

 


J A R D Í N   O   T I E M P O


 

Es una muerta estación

cuando los lobos viven sólo de viento

y la vista de todos los grises

es lo único que rompe el silencio

en el que yo vi mi sol oscurecerse.

 

Voces mías que, unas con silencios

y otras con colores,

me atormentan:

diremos su nombre y no vendrá;

de cerca, de lejos, no responderá.

 

Serás desolada

y tu voz será la fantasma

que se arrastra por lo oscuro,

jardín o tiempo donde su mirada

silencio, silencio.          

 

 


C O M O   U N A   I D I O T A

C R U Z A N D O   L A   C A L L E


 

Como una idiota cruzando la calle

tengo miedo, me río, me saludo en el espejo

con una sábana hedionda,

me corto de raíz,

me escupo, me execro.

Como una santa acosada

por voces angélicas

me hundo en la canción de las plagas

y me vengo, me renuncio,

me silencio, me recuerdo.

 

 


L L O R O,   M I R O   E L   M A R   Y   L L O R O


 

Lloro, miro el mar y lloro.

canto algo, muy poco.

 

hay un mar, hay la luz.

hay sombras, hay un rostro.

 

un rostro con rastros de paraíso perdido.

 

he buscado.

 

sino que he buscado,

sino que agonizo.

 

 


 


 

 

 


 

Bárbara Délano

 

Bárbara Délano nació en Santiago de Chile en 1961, hija del escritor Poli Délano y de la poeta María Luisa Azócar.  Estudió literatura en la Universidad de Chile y luego se tituló de socióloga en la Universidad Autónoma de México.  Publicó tempranamente, a los diecisiete años, su primer poemario "México-Santiago", en 1979.  En 1996, desempeñándose como directora de publicaciones de la procaduría Agraria de México y viajando a Santiago por sus vacaciones, murió en un accidente aéreo frente a las costas de Lima.

 


 

 

 

 

B A Ñ O   D E   M U J E R E S


 

4.-

 

Yo mujer mal parida

De todos tus amores la más desgraciada

La más fiera de su calaña

Te hago una rotura

En el corrupto corazón de tu violencia

De mala yerba mi  lengua en tu lengua

Descastada

Sola yo salgo con mi pedazo

Mi porción de carne también para mí

Para ahora sí metértelo

Para ahora sí decirte que fuí tuya.

 

 


Y A   N O   E S P E R O   N A D A


 

Ya no espero nada

Todo ha pasado por un caleidoscopio antiguo

En una terrible secuencia que se desmenuza

 

La lluvia     el dolor     lo mismo

Los clavos gastados con que los hombres

Han decidido marcarme

Son el mismo delfín ciego

En la noche  una  misma  rueda

 

El fondo del tiempo es

Un una botella perdida

Que se enlaza con algunas fotografías tristes.

 

 


M A R G A R I T A   L A   T I B U R O N E R A

( F R A G M E N T O )


 

A Luis Enrique Délano,

Capitán de altura.

 

Tomé a estribor

miré a mi viejo capitán

y no pude contener las lágrimas

El mar se agitaba como nunca esa tarde

y yo no podía detenerme

 

Me hice algunas preguntas

sobre la dirección del viento

era necesario balancear el stand by

 

El buque era

una pequeña lámpara

azotada en el Pacífico y

la lluvia el dolor y nosotros

cantando en la cubierta

 

"Margarita la tiburonera

se hará a la mar

Habrá tormenta y

ella de todos modos zarpará"

 

El viejo capitán miraba a sotavento

verde perico en el hombro

pipa en la mano gruesa

era un verdadero pirata

 

"¿Dónde tomaremos el Martini esta noche"?

 

 


L U C U B R A C I O N E S   S O B R E   U N

Á L B U M   D E   F A M I L I A


 

Fotografía V

 

Este es el baile de los muertos

círculo salvaje donde esperamos el sacrificio

 

Atrás el mar es un espejo de dioses

olor de patios abandonados

 

El día

la tarde

la noche asusta

todo asusta en este rincón enfermo

donde se grabó para siempre

el desamparo del tiempo

 

Tu cuerpo flota como un río

donde pasó rápida la luz

 

Aquí estamos

solos

mirando al vacío

 

 


 


 

 

 


 

S y l v i a   P l a t h

 

Silvia Plath nació en Boston en 1932.  En 1950 entró en el prestigioso Smith College para cursar literatura: era una alumna ejemplar, brillante que ya había publicado sus poemas y relatos en varias revistas, que ambicionaba ser popular; pero que intentó suicidarse en 1953: el síndrome bipolar no la abandonaría entrando y saliendo de procesos depresivos de distinta duración.  Se casó con el poeta Ted Hughes en 1956 con quien tuvo dos hijos y de quien se separó en 1962. Se suicidó en su residencia en Londres, en 1963, asfixiándose con gas.

 


 

 

 

 

E N T R E   L O S   N A R C I S O S


 

Dúctil, curvo y gris como estos palos de marzo

Percy, con su chaquetón azul, se inclina entre los narcisos.

Está recuperándose de algo del pulmón.

 

Los narcisos, también, se inclinan hacia algo grande:

hace tintinear sus estrellas sobre la colina verde, donde

            Percy

alivia el dolor de las punzadas y camina y camina.

 

Hay dignidad en todo esto; hay un cierto formalismo;

las flores, vivas como vendajes, y el hombre curándose.

Se inclinan y se levantan: ¡sufren tales ataques!

 

Y el octogenario encantado con su pequeño rebaño.

Está amoratado.  El viento terrible le tienta el aliento.

Los narcisos le miran como niños, raudos y blancos.

 

 


N A C I D O S   M U E R T O S


 

Estos poemas no viven: el diagnóstico es triste.

Los dedos de manos y pies crecieron bastante,

sus pequeñas frentes se abombaron por la concentración.

Si no caminaron por ahí como personas

no fue por falta de amor materno.

 

¡No puedo entender lo que les ocurrió!

Tienen la forma, el número, los miembros precisos.

¡Se ven tan bien ahí en su líquido de adobo!

Sonríen, sonríen, sonríen, me sonríen a mí.

Pero los pulmones no se hinchan y el corazón no bombea.

 

No son cerdos, ni siquiera son peces,

aunque tienen un cierto aire de cerdo y de pez,

sería mejor que estuvieran vivos, y así es como estaban.

Pero están muertos, y su madre, casi muerta de

            enajenación,

y miran como estúpidos, y no hablan de ella.

 

 


S E C U E L A


 

Impulsados por el imán de la calamidad

merodean y miran como si la casa

quemada fuera de ellos, o como si pensaran

que en cualquier momento algún escándalo pudiera

            escurrirse

de un armario asfixiado por el humo;

ni muertes ni heridas prodigiosas

sacian a estos cazadores de vieja carnaza,

de rastro de sangre de tragedia austera.

 

Madre Medea con su túnica verde

se mueve humilde como cualquier ama de casa por

sus estancias en ruinas, haciendo el inventario

de zapatos calcinados, de tapicería empapada:

privada de la pira y la tortura,

la multitud le sorbe la última lágrima y le vuelve la

            espalda.

 

 


Q U I E R O,   Q U I E R O


 

Boquiabierto, el diosecillo

inmenso, calvo, a pesar de su infantil cabeza,

pedía a gritos el pecho de su madre.

Los volcanes secos se cuarteaban y escupían,

 

la arena abrasaba los labios sin leche.

Pidió entonces la sangre del padre,

que puso a trabajar avispa, lobo y tiburón,

e ingenió el pico del alcatraz.

 

Con los ojos secos, el patriarca inveterado

levantó a sus hombres de pellejo y huesos,

púas en la corona de dorado alambre,

espinas en el tallo de la rosa sangrienta.

 


 


 

 

 


 

E d u a r d o   E s c a l a n t e   G ó m e z

 

(Antofagasta, Chile, 1942). Estudio Lingüística y Literatura (Universidad de Chile) y obtuvo la maestría en Ciencias Sociales (Universidad de Gales, Gran Bretaña). actualmente investigador y escritor. Ha publicado diversos artículos científicos en revista con referato en Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua, España; y poemas en Revista Nagari (Estados Unidos), Signum Nous (Estados Unidos) Revista Cultural C (México), Revista Ariadna (España), Espacio Luke (España), Resonancia (Francia), Revista Ómnibus (España), Sur Revista de Literatura (España), Otrolunes (España) entre otras. Recientemente terminó su libro inédito Colección de Matices.

 


 

 

 

 

P R E O C U P A C I Ó N


 

El norte es mi detención, no camino desprevenido,

aquí detenido ante los hechos. No sé lo que se acerca,

hay tanto que la mirada evita.

No lo hago un suceso si solamente fragmentos de

dudosa reputación.  Nada se ilustra así mismo.

 

Ese día giré en la esquina,

tres adolescentes

despedían extraño aroma,

parecían a la deriva.

 

No confundo la imagen de un hongo con

quien vende escorpiones en la esquina o

con el zigzagueo de la maleza.

 

 


R I T U A L


 

Mi único bien te lo dedico,

de todas las subidas, miremos desde aquí

/allí nuestros vidrios y cristales.

 

He visto tantas veces los barcos

en el puerto, sé de llegadas y salidas.

Tú lo sabes más /largas las esperas /

no inventas soledades.

 

Hemos leído manuscritos antiguos

con puños levantados o con una mirada hacia arriba

escuchando los pasos pesados del tiempo

  

[NUNCA LA PALABRA IMPOSIBLE]

 

Cantando o tragando una pena

/a las cerraduras una llave

/a las cadenas papel celofán.

 

Siempre me esperas con una taza de té.

Eso es grande para ti. Pronuncio tu nombre, verás mi ruego.

 

[CAE UN RACIMO DE ALEGRÍA]

 

Bajo nosotros la tierra firme espera.

 

 


E S T U D I O S   S O C I O L Ó G I C O S


 

Ella abre su ventana,

respira aire natural

 

con referencia a sus días

donde tanta muchedumbre

y su interior inquieto

 

recuerda bien la espera,

el turno que no tenía explicación,

 

la indiferencia en los pasos

no era necesaria una excusa

para que alterar el honor

 

(es extraña la ribera sin ribereña)

 

 


[ 1 0 : 3 0.   L O   D E C L A R A M O S ]


 

Hoy en esta calle, avanzado el mes de julio,

viniendo desde el Sureste,

desde la playa larga, conmovidos por

el estruendo del Pacífico,

nuestros ojos recorren todos los rincones,

fuelle vivo entre nosotros ha habido fuego del agua,

nunca hemos sentido frío en la espalda

hemos reconocido la humedad, que es la que mata

el pálpito de la presencia.

Hemos ido envejeciendo en los detalles individuales

que son los reales o que hablando los inventamos.

Una tarde así, en un pedazo de cielo,

en los párpados de tres estrellas

ha quedado depositada esta historia

Volvemos a casa, bebemos una taza de té,

la mermelada de frutilla y el pan calientito,

así como todas las tardes, ninguna nebulosa en la ternura,

no es un necesario un tratado para ponernos a salvo.