D I R E C T I V Í   A B A K U Á

D E   S A M U E L   I B A R R A   C O V A R R U B I A S

p o r   J o r g e   d e   M a l i


 
 

 

 

 

Jorge de Mali, antropólogo


 

 


Nuestro chamán vuelto poeta, ha logrado la hazaña de hacer bailar las palabras, poner el cuerpo en la danza de los nombres, ofreciendo su ajiaco de letras en cazuela o su cazuela de ajiaco en sonidos.


 

 

PARA UN ASERE CHILENSIS

 

DIRECTIVI ABAKUÁ, como “antídoto de Wall Street” o de Sanhattan, como el Songoro Cosongo de un carabalí en San Bernardo, es un poderoso farmakhon que nos ofrece la maestría de Samuel Ibarra para conjurar el lenguaje mercantil del capitalismo, suspendiendo sus poderes alienantes, desactivando el fetichismo de la mercancía por medio de la activación de los fetiches de la lengua. Fetiche contra fetiche, como en la lucha de la brujería congolesa. Cita contra cita: “la cita como escena primordial”, como interrupción de la catexis de las marcas del capital, como deconstrucción del lenguaje mercantil politizando su cita en la sintaxis sustantivista de las lenguas subalternas, en la huelga de significantes huérfanos reunidos en un baile de curación por la poética primordial de los fonemas que descomponen las citas, la cita del sonido y sus modulaciones que Ibarra hace guturales. La cita que trasmuta marcas y nombres del Capital en sonidos que se dicen y se bailan como lenguas poéticas. Por eso es tan agradable dejarse contagiar por el fluido verbal lexicogramático de este poemario-cancionero, o cancionero-poema, o poema-canción, o baile de conceptos, índices, y nombres propios que desarman cualquier pretensión de Canto General, desalojan cualquier vate egomaniaco e intoxican hasta el mareo cualquier policía ontológica.

 

“PAISAJE”, “FARMACOPOLÍTICA” (podría decir: narcografía), “CHOCOTOYOT” (sobre el toyotismo), “CANCIÓN DE AMOR A MIAMI BEACH” (melting pot), “NOCHE LARGA”, “DIREC TIVI” (sociedad del espectáculo), “OTRO YO”, “KINO MAYOMBE” (complejo afroritual), “OFF-SHORT”, “JAHYAH JAMMED DISCO” (reggae music y violencia absoluta), “APARICIÓN SUR”, “SECUNDA EL NORTE”, “TERA”, son los trece poemas que se pueden ver, leer y oír en Directivi Abakuá. Son poemas concretos, son versos atonales, y son canciones dodecafónicas. Son colecciones de nombres y palabras que a veces riman, pero siempre suenan, y resuenan como una lengua alguna vez aprendida. Son trece poemas pero en realidad, se trata de una sola poesía, un continuo poemático como el continuo de cables que hoy forman la televisión global, aquella que nos aliena y nos intoxica al mismo tiempo que nos informa sobre la globalidad de la barbarie y la localidad de la cultura.

 

La sociedad Abakuá es una hermandad afrocubana de obonekues que se reparte las tierras entre potencias y naciones que han plantado el fundamento de Isué, Ecué y Tanzé, en torno a la ceiba de su fambá. Potencias que conservan el secreto fundador de las sectas masónicas del delta del río Níger (Calabar), “juegos” de hermanos que se han vuelto mutualistas, y cuya filosofía de la historia cultivada en el secreto del fundamento les permite conspirar en cada “plante” contra la sociedad del espectáculo y de la representación. Abakuá es lo que resiste al espectáculo y a la mediatización, escondiendo detrás de sus espectaculares bailes y diablitos iremes el secreto de su hermandad conspirativa, la que puede subir y bajar gobiernos, hermanar a los aseres y hacer justicia entre las naciones de las ciudades puertos ¡Subusó! DirecTIVI Abakuá hace honor a ese empeño afrocubano por infiltrarse en el espectáculo para desde ahí suspender toda representación.

 

Traductor de nombres propios o trascriptor de intraducibles, Ibarra nos tiene alegremente acostumbrado a sus interrupciones performáticas de toda representación, porque su empeño accionista está en la politización de la estética como crítica singular de la transición al capitalismo, transición que aquí en este libro es un tránsito por la frontera imperial del Caribe, y un tráfico de las lenguas que van quedando de estas transiciones. Transición era también el nombre de Transitional Breath (“Aliento, Soplo o Respiración Transicional”), una presentación donde este poeta-chamán, dungunmachife del archivo transicional, desparrama su fuerte soplo sobre los documentos históricos de la barbarie dictatorial. Soplando sin descanso para desempolvar y descubrir los documentos sumergidos bajo la espesa cal con la que quisieron blanquear los cadáveres biológicos y documentales, recubriendo las letras e imágenes llamadas a activar la memoria latente; el performer ofrecía así una crítica singular a la representación pasiva y desincorporada de la historia reciente como transición a la globalización amnésica. Polvos de la usura, polvos del secreto transicional, polvos del lavado de toneladas de polvos de cocaína con las que el dictador supo hacer sus mejores negocios archivados hoy en el Banco Briggs y en los cuarteles de regiones extremas donde el narco dice hacer patria.

 

Escritura apotropaica –magia contra magia— como solo puede hacer quién sabe de los males y de sus curaciones. “Mastery of non mastery”, la poesía de este chamán continúa en la lengua sus ejercicios corporales, ofreciendo con voz ronca y gutural las lecturas extáticas de sus investigaciones sobre lenguajes y espacios sonoros, paisajes de idiomas, lenguas francas de la circulación global y lenguas secretas de las sociedades mutuales o de la crítica. Al leer en voz alta, no hay como no recordar las pulsaciones del reggae, el rap, el hip hop o el reggaeton. Pero también, el corte de las palabras y la rigurosa metodología de la “cita como escena primordial” nos ofrece un documento de documentos, un registro histórico de sonidos y lenguas, sounding lenguas indígenas y africanas de las Américas, atmósfera sonoro-lingüístico que se vive en las ciudades costeras, costas del Caribe, del Pacífico y del Atlántico. Doscientos años después de los Incas en Saint Domingue, el Atlántico negro ha llegado al Pacífico sur, de la mano de los jacobinos negros explotados en Temuko warria. Ya no queremos un Hegel en Haití o un “Hayek en Chile”: la acumulación originaria mil veces repetida en nombre del “espíritu” de la libertad (robada) nos refriega a la cara la historia americana de la esclavitud, pero también la alegría insurrecta de los héroes cimarrones, los palenqueros que supieron en carne propia lo básico: “Constitusyon sé papié, bayonet sé fer”. Escena primordial de la insurrección haitiana, el sitio de Bois Caïman siguen irradiando en este libro como punto cero de toda revolución americana, y que este libro no para de citar (quizás sin citar), en un homenaje continuado a Kisskeya-Saint Domingue-Haiti, la primera patria donde todos fuimos negros, homenaje que solo puede ofrecer en nombre nuestro un chamán.

 

¿Pero, qué es un chamán? Es probablemente un traductor, un médico y un brujo. También un mago y un crítico. No el crítico de la crítica teatral, ni el médico-cirujano de un organismo, sino el crítico de la crítica singular, la crítica del errar como adecuación de los marcos de comprensión de la errancia. No una crítica de errores de adecuación causal-instrumental, ni una crítica de organización categorial de universales y particulares, sino una crítica del error desde el errar mismo, desde la experiencia y la experimentación de los marcos y límites del cuerpo, que en este libro son los marcos y límites del nombre, del index, de la palabra citada, bien o mal citada pero citada al fin, contra el imperativo del concepto y contra el imperio de lo propio. Y en este baile de las lenguas, aparece el chamán. Maestro del éxtasis y del transe sin duda, transe del cuerpo que es la materia chamánica misma, éxtasis de una política del último baile, una poética de la última protesta, porque el fascismo quiere acabar con él y con todo, pero no pasarán, y aunque ya han estado pasando, el chamán queda para recordarlo y seguir curando y seguir siendo el guía del éxtasis, una guía hacia el transe. Lenguaje de barricadas, barricada de lenguas entrebesadas, “the kiss of the slave”, este libro como el beso negro del esclavo negro observado impúdicamente por las ciencias lingüísticas hibridológicas. Largo besuquearse de los pueblos que resisten, intenso entrebesarse entreverados con la lengua del enemigo, poniendo cuerpo sudor y lágrimas al quilombo quilombola, quilombero y quilombista, en un libro inimaginable, más que por Samuel.

 

Por eso Ibarra cura “las heridas infectadas de la historia”, pronunciando los nombres de fantasmas y fantasías, de la comunidad de muertos que nos acechan y nos contienen, que invocamos o conjuramos contra “las mentiras que acuchillaron los papeles”. Como en esa bella y recogedora intervención que hiciera en homenaje a los caídos de la Operación Albania – la Matanza de Corpus Cristi— cuando se vio al curandero alimentar a los combatientes rodriguistas en la calle Moneda, ofreciendo a los doce caídos su ofrenda de pan y challas, como huacas tutelares en nuestro combate contra las (ad)herencias de la dictadura neocapitalista. Así, mientras en la calle nuestro chamán habla con los muertos, en este libro conjura el lenguaje de ese capitalismo asesino, desmontando el aura serial y narcótica de la acumulación mercantil para volverlas juegos de lenguaje y sonidos, desarmando a veces sílaba por sílaba para destituir la gramatología dominante. Por eso no es necesario perderse en explicaciones. Las palabras suenan como se leen, y si no se dicen como suenan, no importa, esta música sincopada de sememas llega a la guata como los tambores, y a la cabeza como el LSD, con destellos punzantes que abren canales neuroprogramáticos a punta de sílabas prehistóricas. En ese viaje, Ibarra pone su cuerpo, lengua, garganta, mano y oreja, a confrontar las historias que nos han contado, para reírse de los Aparatos Ideológicos del Estado y del Capital. Para enredarlos en los juegos del sonido, de la potencia y los límites improbables del cuerpo y sus marcas. 

 

Nuestro chamán vuelto poeta, ha logrado la hazaña de hacer bailar las palabras, poner el cuerpo en la danza de los nombres, ofreciendo su ajiaco de letras en cazuela o su cazuela de ajiaco en sonidos, como Guillén de morenada austral, como Ajens del Caribe chileno, o como black Añiñir queer y promaucae, cuando el antropófago mapu chetupi nambá se vuelve un caliban performer; un “mapurbe” del Caribe que viene desde la primera “frontera imperial” hasta la última frontera fronteriza con glotofagia de guerrillero sanvegano a curar nuestras heridas con sus montajes rituales, su cuerpo en transe y sus colecciones de palabras-documentos.

 

Sao Paulo, noviembre 2018

 


 
     

 

 


 

Samuel Ibarra Covarrubias, escritor, performero y curador.

 

"Directiví Abakuá", Marciano Ediciones, 2019. Poemas. 98 páginas.

Disponible en Librería Metales Pesados, José Miguel de la Barra 460, Santiago.

Librería Recoletras.